Canarias se seca: Tenerife y El Hierro perderán la mitad de su agua en 75 años por el calentamiento
Un estudio pionero de la Universidad de La Laguna, publicado en 2026 en la revista Environmental Monitoring and Assessment, cuantifica por primera vez con una resolución de 100 metros el desplome de las reservas naturales de agua en las islas. Las proyecciones más pesimistas hablan de un agotamiento casi total en Gran Canaria y recortes del 50 % en Tenerife, lo que coloca al archipiélago en una situación de alerta hídrica extrema si no se aceleran las soluciones que ya conoce.
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El archipiélago y su eterna sed
Canarias arrastra un estrés hídrico estructural desde hace siglos. Su origen volcánico, la irregularidad de las lluvias y la orografía quebrada convierten cada gota en un tesoro. Las siete islas —El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote— comparten una dependencia histórica de los acuíferos subterráneos y las galerías excavadas a mano, pero en las últimas décadas la presión se ha multiplicado. El turismo, que en 2024 recibió a más de 16 millones de visitantes (Gobierno de Canarias, enero de 2025), demanda el triple de agua por plaza alojativa que un residente. La agricultura de exportación, con el plátano y el aguacate como estrellas, riega cada día miles de hectáreas. Y la población residente ya supera los 2,2 millones de personas (INE, 1 de enero de 2025).
Esa ecuación ya era difícil antes de que el termómetro empezara a subir más deprisa. Ahora, el trabajo dirigido por el catedrático Juan Carlos Santamarta Cerezal, del Departamento de Ingeniería Agraria y Medio Natural de la ULL, dibuja un futuro inmediato en el que el clima dejará de aportar lo que antes regalaba. La investigación calcula el balance hídrico climático, es decir, el agua que la naturaleza pone sobre la mesa una vez descontada la evapotranspiración, sin tener en cuenta los aportes extra de la desalación. Y lo ha hecho con una herramienta nueva para las islas: la metodología FICLIMA, que traduce los grandes modelos globales del Sexto Informe del IPCC a una escala local casi quirúrgica.
Un microscopio climático de 100 metros
Hasta ahora, los estudios sobre cambio climático en las islas trabajaban con celdas de varios kilómetros, insuficientes para capturar el mosaico de microclimas que genera el relieve canario. La técnica FICLIMA, adaptada por el equipo de la ULL, permite afinar la previsión hasta una cuadrícula de 100 metros. Esto significa que por primera vez se puede distinguir lo que ocurrirá en una ladera de barlovento frente a otra de sotavento, en el fondo de un barranco o en la cumbre.
Los investigadores aplicaron tres horizontes temporales (corto: 2021‑2050, medio: 2040‑2070 y largo: 2071‑2100) y varios escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, desde los más optimistas (SSP1‑2.6, que asume una reducción drástica de emisiones) hasta los más pesimistas (SSP5‑8.5, el “todo sigue igual”). El resultado es una tendencia incontestable: el balance hídrico climático desciende de forma continua, y el declive se acelera a medida que avanza el siglo.
Isla por isla: las cicatrices del agua
Gran Canaria: el agotamiento casi total
La isla redonda es la que sale peor parada en todas las proyecciones. Hoy sus reservas naturales de agua dulce se limitan a pequeñas áreas en las cumbres del norte y el centro, donde los alisios todavía sueltan algo de humedad. El estudio prevé que, en el escenario más severo, esas bolsas residuales se evaporen por completo antes de 2100. La capital, Las Palmas de Gran Canaria, ya se abastece en un 90 % con desalación (Ayuntamiento de Las Palmas, 2024), pero los barrancos y la agricultura del interior dependen aún del agua de lluvia infiltrada.
Esta previsión supone un golpe para una isla que, con 870.000 habitantes (INE, 2024), concentra casi el 40 % de la población canaria y recibe cada año a más de 4 millones de turistas. Si el agua de lluvia desaparece, la presión sobre las desaladoras —que ya funcionan a pleno rendimiento— crecerá exponencialmente, disparando el consumo energético y los costes.
Tenerife: menos 100 litros por metro cuadrado
La isla más grande del archipiélago perderá alrededor del 50 % de su agua climática, lo que equivale a una merma de entre 50 y 100 litros por metro cuadrado al año. Las consecuencias se sentirán sobre todo en la vertiente norte, históricamente más húmeda, donde los acuíferos que alimentan al área metropolitana Santa Cruz‑La Laguna empezarán a resentirse. El sur, ya semiárido, apenas notará el cambio en su balance natural porque lleva años viviendo de la desalación.
La mayor preocupación está en la agricultura del valle de La Orotava y la comarca de Acentejo, que riegan con aguas subterráneas. Si el flujo de recarga se reduce a la mitad, los agricultores tendrán que competir con el turismo y los hogares por un recurso cada vez más caro y escaso.
El Hierro: la paradoja de la isla más verde
El Hierro presume de ser 100 % renovable gracias a la central hidroeólica de Gorona del Viento, pero el estudio revela su vulnerabilidad hídrica. Las proyecciones apuntan a una reducción del balance hídrico climático de entre el 50 % y el 75 % a finales de siglo. La isla parte de una situación relativamente buena porque sus montes capturan mucha lluvia horizontal, pero ese colchón se desinflará con el ascenso de las temperaturas.
La paradoja es que El Hierro podría perder la mayor proporción de agua natural mientras intenta ser un modelo de sostenibilidad energética. El reto será aplicar la misma filosofía al ciclo del agua, impulsando la reutilización y una desalación a pequeña escala alimentada con los excedentes eólicos.
Fuerteventura y Lanzarote: la aridez como destino
Estas dos islas llevan décadas acostumbradas a un balance hídrico natural prácticamente nulo. La novedad del estudio es que el aumento térmico previsto empeorará aún más la situación, elevando la evaporación de las pocas lluvias que caen y forzando a depender casi al 100 % de la desalación. En Fuerteventura, que ya obtiene el 95 % del agua de mar (Consejo Insular de Aguas de Fuerteventura, 2025), el incremento de la demanda turística obligará a ampliar plantas y a mejorar la eficiencia energética. Lanzarote, con un modelo similar, se enfrenta a la misma encrucijada.
¿Por qué se evapora el futuro?
El mecanismo es sencillo de explicar pero difícil de frenar. La temperatura media en Canarias ha subido 1,5 °C desde los años sesenta del siglo XX (AEMET, 2024) y los modelos climáticos auguran otros 2 °C o más antes de 2100. Cada grado extra aumenta la evapotranspiración, es decir, el agua que el suelo y las plantas devuelven a la atmósfera. Cuando la evaporación supera a la precipitación, el balance se vuelve negativo y los acuíferos dejan de recargarse.
A esa condena física se suman tres factores humanos que multiplican la presión. Primero, el turismo: una cama turística consume entre 300 y 400 litros al día, frente a los 130 litros de un residente, según datos del Cabildo de Tenerife (2023). Segundo, la agricultura de regadío, que en Canarias representa el 80 % del uso consuntivo total del agua, según el Plan Hidrológico Insular de Gran Canaria (2022). Y tercero, las pérdidas en las redes de distribución, que en algunos municipios todavía superan el 30 % del caudal inyectado, según el Consejo Insular de Aguas de Tenerife (2024).
Competencia por un recurso menguante
La investigación de la ULL no se queda en el diagnóstico; advierte de que la competencia entre sectores se volverá insostenible si no se actúa ya. El turismo y la agricultura, los dos motores económicos del archipiélago, dependen del mismo recurso y, con frecuencia, lo obtienen de las mismas fuentes. Cuando el agua del cielo desaparezca, las desaladoras no podrán atender toda la demanda sin disparar los precios, y los campos serán los primeros en sufrir restricciones.
Esta pugna ya se ha vivido en episodios de sequía recientes. En 2023, Tenerife declaró la alerta por escasez en varios municipios del sur y el oeste (Cabildo de Tenerife, mayo de 2023), y se impusieron cortes nocturnos para el riego agrícola. Situaciones así se multiplicarán si las proyecciones del estudio se confirman, y el riesgo de conflictos sociales por el agua crecerá en proporción directa.
Soluciones que ya están sobre la mesa
Los autores del trabajo —que fue reconocido con el premio internacional 2026 Chris Binnie Award for Sustainable Water Management— insisten en que las Islas Canarias poseen el conocimiento y la tecnología para capear la crisis. La clave está en aplicarlos con urgencia y a una escala suficiente.
Desalación con sello renovable
La desalación en Canarias ya produce más de 600.000 metros cúbicos al día (Instituto Tecnológico de Canarias, 2025) y es la principal fuente de suministro para la costa y las zonas turísticas. Pero su talón de Aquiles es el consumo energético: una desaladora media gasta entre 3 y 4 kWh por metro cúbico producido. Si esa electricidad se genera con combustibles fósiles, el remedio se convierte en parte del problema, porque emite más gases de efecto invernadero. Por eso el estudio propone vincular la producción industrial de agua a los parques eólicos y fotovoltaicos que ya proliferan en las islas.
La buena noticia es que Canarias es un laboratorio de energías renovables; en 2024 la eólica cubrió el 32 % de la demanda eléctrica de Gran Canaria (Red Eléctrica, 2025) y Tenerife alcanzó el 28 %. Integrar desalación y renovables permitiría reducir costes y emisiones al mismo tiempo, y además ofrecería una gestión más flexible de los excedentes energéticos.
Reutilización: la segunda vuelta del agua
La reutilización de aguas residuales depuradas es otra asignatura con margen de mejora. Actualmente, Canarias reutiliza alrededor del 20 % de sus caudales depurados (Gobierno de Canarias, 2024), principalmente para riego agrícola y zonas verdes, pero la cifra podría duplicarse si se modernizan las depuradoras y se instalan sistemas de regeneración terciaria. Ciudades como Santa Cruz de Tenerife ya riegan sus jardines con agua reciclada (Ayuntamiento de Santa Cruz, 2024), y experiencias piloto en el sur de Gran Canaria demuestran que el agua regenerada es apta incluso para cultivos de exportación como el tomate.
Agricultura inteligente y redes sin fugas
En el campo, la solución pasa por dos vías complementarias: técnicas de riego eficiente y cultivos más resistentes. El riego por goteo enterrado, los sensores de humedad y la programación según la evapotranspiración real pueden reducir el consumo agrícola un 30 % o más, según ensayos del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA, 2023). Al mismo tiempo, los investigadores reclaman un plan de reconversión varietal que apueste por frutales y hortalizas adaptados a condiciones de sequía, como ciertos tipos de almendro o la tunera, que recuperarían además un paisaje agrario tradicional.
En las ciudades, el enemigo son las tuberías viejas. Los ayuntamientos y cabildos necesitan acelerar la renovación de redes de abastecimiento para bajar la tasa de pérdidas comerciales por debajo del 15 %, un objetivo que ya marca la Ley de Aguas de Canarias (BOC, 2018). Municipios como Telde (Gran Canaria) han logrado reducir sus fugas del 40 % al 18 % en cinco años mediante la sectorización de la red y la instalación de contadores inteligentes (Ayuntamiento de Telde, 2025).
Planificación hidrológica con datos reales
El estudio de la ULL no habría tenido tanto eco si no fuera porque sus datos están disponibles públicamente en la plataforma SICMA-Canarias (Servicio de Información Climática y Medioambiental de Canarias), lo que permite a cualquier administración, empresa o colectivo ciudadano consultar las proyecciones con el máximo detalle. Los autores reclaman que los futuros planes hidrológicos insulares y el próximo Plan Hidrológico de Canarias (previsto para 2027) incorporen estas curvas de descenso como criterio vinculante para el dimensionamiento de infraestructuras y el otorgamiento de concesiones.
La integración de la resiliencia climática en la planificación supone, por ejemplo, exigir que cada nueva urbanización turística garantice su abastecimiento con fuentes no convencionales (desalación o reutilización) y que los campos de golf y jardines botánicos utilicen exclusivamente agua regenerada. Medidas así ya se aplican en algunas islas, pero de forma fragmentaria; el reto es convertirlas en norma general.
Qué sigue: la hora de las decisiones políticas
El informe aterriza en un momento político delicado. La Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias (2025) acaba de lanzar una consulta pública para revisar la Estrategia Canaria de Acción Climática, y los cabildos insulares preparan sus presupuestos para el próximo ciclo electoral. Los expertos creen que existe una ventana de oportunidad para que las inversiones necesarias no se queden en un cajón, siempre que la ciudadanía perciba la escala del riesgo.
Por eso el profesor Santamarta repite en sus comparecencias que “la desalación no es la solución, es una herramienta; la solución pasa por dejar de malgastar el agua que nos llueve”. El estudio, en el fondo, cuantifica lo que los campesinos herreños y los medianeros de Tenerife llevan años observando: los nacientes ya no brotan como antes y los barrancos corren menos días al año.
Para el ciudadano que se pregunta «¿cuáles son las 7 Islas Canarias?» o «¿qué isla es más bonita para visitar?», la respuesta del científico es incómoda: todas las islas, desde la verde La Palma hasta la árida Fuerteventura, comparten el mismo destino hídrico. La diferencia entre la belleza de un paisaje y su fragilidad es, a veces, un solo grado de temperatura.
El legado de este estudio no es solo un aldabonazo científico: es la hoja de ruta para que, dentro de tres generaciones, los canarios sigan abriendo el grifo sin miedo. Y para que el turista que busca la mejor isla del archipiélago no encuentre un paraíso seco.
