Exigen frenar la masificación de Tacorón: 80 tumbonas de hormigón amenazan el alma volcánica de El Hierro
La instalación de cerca de ochenta hamacas de cemento en la cala de Tacorón, al suroeste de El Hierro, ha desencadenado una movilización ciudadana que la califica de “atentado ambiental”. El proyecto, financiado con fondos europeos y defendido por el Ayuntamiento de El Pinar, interviene en un espacio protegido por la Red Natura 2000 y enclavado en plena Zona Especial de Protección de las Aves (ZEPA). Colectivos vecinales denuncian la destrucción de campos de lava y la amenaza a especies como la pardela cenicienta y el helecho lengua de serpiente, mientras el consistorio asegura que las piezas no están ancladas y se colocarán donde el terreno lo permita.
En este artículo9
- Tacorón, un santuario salvaje entre volcanes
- Un proyecto de 3,6 millones con sello europeo
- “Atentado ambiental”: la voz de la plataforma Salvar Tacorón
- Figuras de protección que chocan con la intervención
- Coherencia institucional frente a la necesidad económica
- El espejo de otras islas: el turismo que no queremos
- Impacto sobre especies protegidas: la ciencia respalda la alarma
- Movilización social y vías de presión
- ¿Qué sigue? Escenarios posibles y precedentes
La polémica ha escalado hasta una petición en Change.org que supera las 1.600 firmas y plantea un debate de fondo sobre el modelo turístico de una isla declarada en su totalidad Reserva de la Biosfera y Geoparque Mundial. A continuación, desgranamos las claves del conflicto, su contexto normativo y las posibles consecuencias para el patrimonio natural herreño.
Tacorón, un santuario salvaje entre volcanes
La cala de Tacorón, en el municipio de El Pinar, es uno de esos rincones que aún conservan la esencia primitiva de El Hierro. Formada por coladas volcánicas que se precipitan suavemente hacia el Atlántico, su plataforma litoral alterna malpaíses, charcos intermareales y una playa de arena oscura conocida como jable. Este enclave forma parte de la ZEPA “El Hierro” –designada en virtud de la Directiva Aves de la Unión Europea– y alberga hábitats de interés comunitario recogidos en la Directiva Hábitats.
Hasta ahora, Tacorón era apreciado por los herreños como un espacio de baño rústico, sin más equipamientos que un quiosco, merenderos y un aparcamiento. La ausencia de infraestructuras fijas sobre la lava permitía que la naturaleza marcara las pautas: el rumor del viento melando alisios, el graznido de las pardelas y la humedad salina que moldea los charcos eran los únicos lujos.
Precisamente esa atmósfera intacta ha sido uno de los argumentos esgrimidos por la plataforma Salvar Tacorón, ya que la colocación de mobiliario pesado altera la percepción del paisaje y rompe la continuidad cromática del terreno. “Convertir un litoral volcánico en una zona de uso turístico intensivo supone una pérdida evidente de calidad ambiental e identidad territorial”, sentencian los convocantes de la campaña ciudadana.
Un proyecto de 3,6 millones con sello europeo
Las obras que han desatado la controversia forman parte de una iniciativa más amplia dotada con 3,6 millones de euros procedentes de fondos europeos, según confirmó en abril de 2026 la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias. El proyecto, gestionado por el Ayuntamiento de El Pinar, busca “diversificar la oferta turística y reforzar el valor patrimonial y natural del municipio”. Además de la adecuación de Tacorón, incluye la reforma del acceso al núcleo pesquero de La Restinga y la expropiación de los terrenos de la cala, que hasta hace poco pertenecían a tres empresas privadas.
La concejala de Turismo, Magaly González, defiende que las hamacas “son mobiliario, no están ancladas al suelo, son movibles y se colocan sobre el terreno tal cual está”. En declaraciones recogidas durante la ejecución, explicó que se emplea hormigón gris para mimetizarse con el entorno y que, “si bien el proyecto inicial contemplaba 80 unidades, seguramente serán menos porque han de respetar separaciones y el terreno natural”.
No obstante, las imágenes difundidas por los opositores muestran bolsas de plástico negro utilizadas para marcar la disposición de las tumbonas, lo que para muchos vecinos evidencia la artificialización de un espacio hasta ahora virgen. El gobierno local insiste en que las labores se limitan a los senderos y sombrajos, sin tocar el quiosco –cuyos permisos están demorados–, y que se ajustan al Plan General de Ordenación recientemente aprobado.
“Atentado ambiental”: la voz de la plataforma Salvar Tacorón
A través de Change.org, la iniciativa Detener el atentado ambiental en la Cala de Tacorón ha cosechado un respaldo masivo en apenas unos días. Los firmantes denuncian que las obras ocupan “terrenos protegidos libres de construcciones” y provocan la “destrucción de campos de lava originarios y el vertido de gravas sobre el jable para habilitar senderos”. La queja va más allá del impacto visual: alerta de que la actuación coincide con el periodo reproductor de especies vulnerables.
El principal temor de la plataforma recae sobre la colonia de pardela cenicienta (Calonectris borealis) que anida en la zona según los datos del propio Catálogo Español de Especies Amenazadas. Esta ave marina, catalogada como vulnerable, excava sus nidos en el suelo y es extremadamente sensible a las molestias humanas durante la cría. “Las obras se están realizando en pleno ciclo reproductor, lo que puede provocar el abandono de las puestas”, advierten.
A ello se suma la afección al helecho lengua de serpiente (Ophioglossum polyphyllum), una planta con el máximo grado de protección en los catálogos español y canario. La llanura de Tacorón representa uno de los últimos reductos de esta especie en El Hierro, según la información manejada por los colectivos conservacionistas. Cualquier alteración del sustrato o del régimen hídrico podría ser letal para sus poblaciones.
Figuras de protección que chocan con la intervención
Tacorón se sitúa dentro de la ZEPA “El Hierro” (código ES0000102), una de las múltiples áreas que integran la Red Natura 2000 en Canarias. Esta designación obliga a los estados miembros a adoptar las medidas necesarias para preservar los hábitats y las especies de aves que motivaron su declaración. Jurídicamente, cualquier proyecto que pueda afectar de forma apreciable a una ZEPA debe someterse a una adecuada evaluación de impacto ambiental, extremo que los denunciantes ponen en duda.
Además, todo el territorio de El Hierro es Geoparque Mundial de la UNESCO desde 2014 y Reserva de la Biosfera desde 2000. Estas distinciones comprometen a las administraciones a impulsar políticas de desarrollo sostenible que compatibilicen la conservación del patrimonio natural con el bienestar de la población. Para la plataforma, la implantación masiva de tumbonas de cemento contradice frontalmente esos principios.
El Debate sobre los usos permitidos en el dominio público marítimo-terrestre también planea sobre el caso. La Ley de Costas prohíbe cualquier obra que cause una degradación del litoral, y aunque las hamacas no sean estructuras fijas, su acumulación y la apertura de senderos sobre el jable podrían considerarse una ocupación indebida si no cuentan con el título administrativo oportuno.
Coherencia institucional frente a la necesidad económica
El Ayuntamiento de El Pinar se encuentra en una encrucijada. Por un lado, ha de ejecutar los fondos europeos en los plazos previstos, y eso le ha llevado a separar la reforma del quiosco del resto de intervenciones para no perder la financiación. Por otro, recibe las críticas de una parte de la ciudadanía que considera que la solución no pasa por hormigonar el paisaje, sino por mantener las instalaciones tradicionales y potenciar un turismo de naturaleza respetuoso.
La concejala González sostiene que “igual que hay un colectivo en contra, también hay otra gente a la que le parece bien”. El proyecto, recuerda, nace de la necesidad de dar servicio a los visitantes que ya acuden a Tacorón y de generar alternativas de ocio para la población local. Además, enfatiza que el municipio solo pudo intervenir después de aprobar el Plan General y expropiar los terrenos, un proceso que requirió años de trámites.
Sin embargo, desde la oposición vecinal se reclama que la actuación se limite a reparar los merenderos, aparcamientos y soláriums del charco, sin añadir nuevos elementos. “No se trata de negar el acceso al disfrute –señala un portavoz de Salvar Tacorón–, sino de proteger lo que hace única a nuestra isla: su capacidad para ofrecer una experiencia de naturaleza viva, no un parque temático”.
El espejo de otras islas: el turismo que no queremos
El conflicto de Tacorón trasciende lo local y conecta con el debate más amplio sobre la masificación turística en Canarias, un archipiélago que recibe más de 16 millones de visitantes al año según el Instituto Canario de Estadística (ISTAC, 2025). Mientras islas como Tenerife o Gran Canaria lidian con la saturación de espacios naturales y la presión sobre los servicios, El Hierro se ha posicionado hasta ahora como el refugio de quienes buscan una alternativa sosegada y genuina, lo que muchos señalan como la respuesta a la pregunta de cuáles de las 7 Islas Canarias son las mejores para visitar si se prioriza la desconexión y el contacto con la naturaleza.
A menudo los viajeros dudan sobre qué es más bonito, Fuerteventura o Gran Canaria, pero la respuesta depende del perfil: mientras las dunas y playas de arena blanca de Fuerteventura enamoran a los amantes del viento y el surf, y Gran Canaria seduce con su diversidad de paisajes y su vida urbana, El Hierro ofrece un atractivo radicalmente distinto, marcado por la soledad de sus senderos, el buceo en aguas cristalinas y la sensación de estar en un territorio apenas tocado. Esa singularidad, justamente, es la que los defensores de Tacorón quieren preservar.
En ese contexto, conocer cuánto cuesta moverse entre las Islas Canarias puede ser determinante para planificar un viaje fuera de los circuitos masificados. Los billetes aéreos interinsulares suelen oscilar entre 40 y 90 euros por trayecto, mientras que los ferris de línea ofrecen tarifas más económicas pero están limitados a conexiones entre islas con puerto cercano. El Hierro, situada en el extremo occidental, requiere de un esfuerzo logístico adicional que actúa como filtro natural para un turismo menos interesado en la exclusividad ambiental.
Conforman las 7 islas que integran el archipiélago: Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro, a las que se suman los islotes. Cada una ha seguido una trayectoria turística diferente. Mientras algunas han apostado por el “sol y playa” con grandes resorts, El Hierro ha hecho bandera de la sostenibilidad: fue la primera isla del mundo en autoabastecerse con energías renovables durante periodos puntuales y su marca se asocia a un ecoturismo responsable. El contraste con las tumbonas de hormigón resulta, por ello, especialmente estridente.
Impacto sobre especies protegidas: la ciencia respalda la alarma
La comunidad científica ha documentado sobradamente la fragilidad de las pardelas cenicientas. Según datos del MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica, 2024), la población canaria de esta ave ha sufrido un declive del 30 % en los últimos veinte años, principalmente por la depredación de gatos asilvestrados y la pérdida de hábitat. Las colonias reproductoras de la Macaronesia son especialmente vulnerables al ruido y a la presencia humana, lo que incrementa el riesgo de fracaso reproductivo si las obras se prolongan durante el verano.
El helecho lengua de serpiente, por su parte, es una especie extremadamente rara en Canarias, con muy pocas localidades conocidas. Su supervivencia en Tacorón depende de la conservación del delicado equilibrio edáfico: pequeñas áreas de suelo rico en materia orgánica, bien drenado y protegido del pisoteo. La circulación de maquinaria y el vertido de gravas podrían eliminar microhábitats irremplazables. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) recomienda para estos casos medidas correctoras estrictas que, a juicio de los ecologistas, no se han contemplado.
Movilización social y vías de presión
La petición en Change.org no es el único canal de protesta. Salvar Tacorón ha articulado una campaña en redes sociales bajo el hashtag #SalvarTacorón, combinando la difusión de imágenes del antes y el después con datos sobre la legislación ambiental incumplida. El objetivo es elevar la presión hasta lograr una declaración institucional del Cabildo de El Hierro o, incluso, la intervención de la Dirección General de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias.
Varios partidos políticos con representación en el consistorio han solicitado la convocatoria de un pleno extraordinario para debatir la suspensión cautelar de las obras. Mientras tanto, la plataforma estudia presentar una denuncia formal ante el SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) por posible quebranto de la normativa de especies protegidas.
Para muchos residentes, el sentimiento va más allá de lo normativo: “Tacorón es de los pocos sitios donde podías mirar al horizonte y no ver más que volcán y mar. Ahora tendremos que esquivar sombrillas para llegar al charco”, lamenta un usuario en los comentarios de la campaña.
¿Qué sigue? Escenarios posibles y precedentes
El desenlace de la controversia puede tomar varios cauces. El más drástico sería la paralización judicial de las obras si un juez estima la existencia de daños irreparables al medio ambiente. También cabe que la administración autonómica emita un requerimiento al Ayuntamiento para que ajuste el proyecto a los condicionantes de la ZEPA. Una tercera vía es la negociación política que permita reducir el número de tumbonas y reubicarlas fuera de las áreas más sensibles, algo que la concejala ya ha insinuado al admitir que “seguramente serán menos”.
Sea cual fuere el resultado, el caso Tacorón sienta un precedente sobre cómo se gestionan los fondos europeos destinados a la diversificación turística en espacios naturales frágiles. La controversia ya ha llegado a foros especializados y podría influir en futuras convocatorias del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que exigen el cumplimiento del principio de “no causar daño significativo” al medio ambiente.
Mientras tanto, quienes deseen visitar El Hierro y conocer de primera mano enclaves como Tacorón pueden consultar qué ver en El Hierro y, si lo que buscan es información sobre las condiciones meteorológicas que condicionan los accesos en invierno, disponen de la página el tiempo en El Hierro. Para los residentes, fenómenos como la calima también complican la conservación de los hábitats costeros –más información en calima en El Hierro–, por lo que cualquier intervención debe contemplar el estrés añadido que supone el polvo sahariano sobre la vegetación autóctona.
En última instancia, la sociedad herreña deberá decidir qué tipo de turismo quiere para una isla que ha sido ejemplo mundial de desarrollo sostenible. La polémica de las tumbonas no es solo un desencuentro vecinal: es un test sobre la capacidad de las instituciones para honrar los compromisos de protección que dieron a El Hierro su prestigio internacional.
La plataforma Salvar Tacorón sigue recogiendo firmas con la esperanza de que la presión ciudadana incline la balanza hacia un modelo que prime la conservación sobre la intervención dura. La pregunta que flota en el ambiente –y que el tiempo se encargará de responder– es si una cala que sobrevivió intacta durante siglos podrá soportar el peso de ochenta tumbonas de cemento sin perder su alma volcánica.
