León XIV aterriza en Gran Canaria: el primer Papa en tierra canaria
El Papa León XIV aterrizó a las 10:39 horas de este miércoles en la Base Aérea de Gran Canaria a bordo de un vuelo comercial de Iberia procedente de Barcelona. Lo nunca visto: un pontífice en las Islas Canarias. Y lo hace, no con los ropajes de una visita de Estado al uso, sino para arrodillarse en el muelle de Arguineguín y escuchar el eco de los que naufragaron intentando alcanzar Europa.
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- Un aterrizaje que esperó más de dos milenios
- Del vuelo comercial a la bienvenida oficial
- Arguineguín, kilómetro cero del drama migratorio
- Flores sobre un cementerio azul
- Las Palmas se viste de blanco y amarillo
- ¿Por qué Gran Canaria y no Tenerife? La eterna pregunta del viajero
- Próxima parada: Tenerife y el legado de León XIV
Un aterrizaje que esperó más de dos milenios
La historia de Canarias, cristianizada desde el siglo XV, no registraba una visita papal. Ni Juan Pablo II, que recorrió medio mundo, ni Benedicto XVI, ni Francisco —pese a su sensibilidad por las periferias— pisaron nunca las islas. Fue precisamente Francisco quien, antes de morir en 2025, urdió el esqueleto de este viaje. León XIV, su sucesor y primer pontífice con un nombre compuesto, ha querido honrar aquel proyecto interrumpido por la muerte. La última vez que un Papa estuvo tan cerca de Canarias fue en 1985, cuando Juan Pablo II hizo escala en Madeira durante un viaje a África. Desde entonces, los fieles isleños soñaban con un momento como el de este miércoles.
La decisión de volar en un avión de línea regular y no en aeronave de Estado añade una capa de simbolismo. Fuentes de la Conferencia Episcopal Española confirmaron que el Papa quiso «viajar como un canario más», evitando fastos. El vuelo, operado por Iberia, despegó de Barcelona a primera hora y sobrevoló el Mediterráneo y el norte de África antes de enfilar el Atlántico hacia Gran Canaria. Fue un gesto de humildad que marca el tono de un pontificado que quiere estar en las fronteras.
Del vuelo comercial a la bienvenida oficial
El descenso sobre la isla fue suave. Las condiciones meteorológicas, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) para el 11 de junio, eran óptimas: vientos alisios moderados, cielo despejado y 23 grados. Tras tocar tierra en la base militar, el Papa emergió por la escalerilla con una sonrisa pausada, vestido con sotana blanca y portando un pequeño crucifijo de madera. En la losa le esperaban las máximas autoridades.
Recibieron a León XIV el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el presidente de Canarias, Fernando Clavijo; los ministros Félix Bolaños (Presidencia), Margarita Robles (Defensa) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial). Junto a ellos, el obispo de Canarias, José Mazuelos, y su auxiliar, Cristóbal Déniz. También estuvieron presentes la presidenta del Parlamento canario, Astrid Pérez; el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales; el delegado del Gobierno, Anselmo Pestana; y los alcaldes de Telde e Ingenio, municipios que comparten la base aérea. La imagen, según describió el Gobierno de Canarias, fue «la de un Papa que llega sin ruido, pero con un mensaje ensordecedor».
Arguineguín, kilómetro cero del drama migratorio
Apenas una hora después del aterrizaje, la comitiva se desplazó al muelle de Arguineguín, en el sur de la isla. Este puerto, gestionado por la Autoridad Portuaria de Las Palmas, fue hasta 2023 el epicentro de las llegadas de pateras y cayucos a Europa. Según el balance de inmigración irregular del Ministerio del Interior correspondiente a 2023, las Islas Canarias registraron ese año una llegada sin precedentes de más de 39 000 personas, y la mayoría desembarcaron justo allí, a pocos metros de restaurantes y apartamentos turísticos. Hasta ese año, el muelle era un hervidero diario de ambulancias, militares y voluntarios. Los vecinos recuerdan la llegada de cientos de personas en una sola noche.
El presidente del Cabildo, Antonio Morales, recordó hace unos meses ante el pleno insular que «Arguineguín se ha convertido, muy a su pesar, en el reflejo de una tragedia humanitaria que interpela a toda Europa». La elección del Papa de iniciar aquí su visita responde a ese simbolismo. No es un destino de postal, sino un muelle donde cada amanecer llegaban —y siguen llegando, aunque ahora El Hierro haya tomado el relevo— cadáveres y supervivientes envueltos en mantas doradas. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) documentó que 2022 fue el año más letal en la historia de la ruta, con 2 356 fallecidos contabilizados.
Las cifras de la OIM indican que, desde 2020, más de 4 500 personas han desaparecido o muerto en la ruta canaria. A ellas se suman los datos de Caminando Fronteras, que elevan la estimación a 6 000 solo en 2023. Son números que el Papa quiso encarnar en un gesto.
Flores sobre un cementerio azul
Acompañado por Sánchez y Clavijo, León XIV escuchó sobre el propio pantalán los testimonios de tres migrantes senegaleses que sobrevivieron a una travesía de siete días en un cayuco con 120 personas, de las cuales 14 murieron. Entre ellos destacó Mamadou, un joven de 19 años que perdió a su hermano en la travesía. Con la voz rota, relató cómo rezaba mientras veía a sus compañeros ceder al agotamiento. «Hoy el Papa me ha devuelto la esperanza», dijo después, en una frase que la Santa Sede difundió en su cuenta oficial.
Después, una voluntaria de Cruz Roja relató cómo los equipos de acogida atendían a quienes llegaban con hipotermia y quemaduras de combustible. Un patrón de Salvamento Marítimo narró la crudeza de los rescates nocturnos. Luego, el Papa se acercó al borde del muelle. Sostenía una corona de flores blancas y amarillas —los colores vaticanos— que, con un hilo de voz y la mirada fija en el horizonte, depositó sobre las aguas. El gesto, en palabras del obispo Mazuelos, «ha convertido en altar este pedazo de mar». Muchos de los presentes rompieron a llorar. Las flores se alejaron lentamente hacia el sur, hasta perderse en la infinidad azul.
Las Palmas se viste de blanco y amarillo
De vuelta en la capital grancanaria, la agenda se volvió más litúrgica. A las 13:15 horas, León XIV entró en la catedral de Santa Ana, una joya del gótico atlántico construida a partir de 1497, para encontrarse con la comunidad religiosa del archipiélago. La catedral, imprescindible en cualquier lista de qué ver en Gran Canaria, acogió a más de 300 sacerdotes y consagrados llegados de las siete islas. Durante el encuentro, el Pontífice subrayó la necesidad de una Iglesia «en salida, que no tenga miedo a mancharse las manos con el sufrimiento del mundo».
Por la tarde, el Estadio de Gran Canaria, con capacidad para 32 000 espectadores, se convirtió en una verdadera plaza de San Pedro. La misa campal, oficiada a las 18:30 horas, reunió a una multitud que abarrotó las gradas y el césped. Bajo un cielo aún diáfano —el tiempo en Gran Canaria mantuvo la tregua—, el Papa reiteró su mensaje: «No podemos mirar a otro lado mientras el mar se convierte en tumba de hermanos». Los fieles respondieron con un aplauso prolongado que resonó en todo el recinto.
Finalizada la eucaristía, León XIV se retiró al Palacio Episcopal, a pocos metros de la catedral, donde pernoctó. La Diócesis de Canarias confirmó que el pontífice pidió cenar solo y en silencio, para preparar la segunda etapa de su viaje.
¿Por qué Gran Canaria y no Tenerife? La eterna pregunta del viajero
La elección de Gran Canaria como puerta de entrada —y no Tenerife, la isla más poblada, o Fuerteventura, la más cercana a África— ha reactivado el debate recurrente entre quienes planean su primer viaje a las islas: ¿cuál es la más bonita? ¿Cuáles son las siete islas canarias? La respuesta, claro, es subjetiva, pero la realidad logística y humana explica en parte la decisión papal.
Las Islas Canarias son un archipiélago de ocho islas habitadas —Tenerife, Fuerteventura, Gran Canaria, Lanzarote, La Palma, La Gomera, El Hierro y La Graciosa—, aunque administrativamente se consideran siete islas mayores. Gran Canaria es, junto a Tenerife, la que cuenta con mejores infraestructuras de acogida y la que históricamente ha asumido el peso de la respuesta migratoria desde 2020. No es casualidad que el dispositivo de Cruz Roja, Salvamento Marítimo y las ONG esté más rodado aquí.
Quienes visitan la isla por primera vez descubren una geografía sorprendente: dunas en Maspalomas, calas en Mogán, barrancos en Tejeda y una capital, Las Palmas, que conjuga playa urbana y patrimonio. Frente a la recurrente pregunta «¿qué es más bonito, Fuerteventura o Gran Canaria?», cada cual tendrá su voto, pero pocos negarán que Gran Canaria hoy ha ganado un lugar único en la historia de la Iglesia. Como comentó un peregrino llegado de La Gomera: «El Papa ha puesto a la isla redonda en el mapa del corazón».
Próxima parada: Tenerife y el legado de León XIV
La visita continúa mañana viernes. A las 8:40 horas, León XIV tomará un vuelo hacia Tenerife para completar los últimos actos programados en su viaje a España. Aunque el Vaticano no ha desvelado todos los detalles, fuentes de la Diócesis de Tenerife apuntan a una visita a la Basílica de Candelaria, donde se venera a la patrona del archipiélago. La Basílica, construida en el siglo XX sobre un santuario del siglo XVI, alberga la imagen de la Virgen morena que, según la tradición, fue encontrada por los guanches antes de la conquista. Sería el segundo gran templo mariano que León XIV visita en su pontificado, tras su viaje a Lourdes en abril de 2026.
El legado de León XIV queda ya esbozado. Por vez primera, un Papa ha viajado a Canarias para mirar de frente la herida abierta de la inmigración y, al mismo tiempo, para transmitir que las islas no son solo sol y playa, sino un territorio de frontera donde la solidaridad y el drama conviven. Las autoridades canarias, con el presidente Clavijo a la cabeza, esperan que el eco de esta visita impulse cambios en la política migratoria europea.
Cuando el avión despegue de Tenerife, León XIV se llevará en su equipaje el rumor del Atlántico y el silencio de las flores flotando en Arguineguín. La Iglesia canaria, mientras tanto, ya ha comenzado a recoger los frutos: según la diócesis, en las últimas 24 horas el número de fieles que se han inscrito como voluntarios para la acogida de migrantes se ha multiplicado por tres. La fe, a veces, necesita un gesto terrenal.
