El pintor del silencio: el tinerfeño que hizo de la luz, el vacío y la muerte una forma de pintar
Cristino de Vera es uno de los nombres mayores que ha dado Canarias al arte español. Marchó a Madrid con diecinueve años, se formó con Daniel Vázquez Díaz y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y desde allí construyó una obra reconocida en toda España, coronada con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1998. Que un pintor nacido en Santa Cruz alcanzara ese reconocimiento sitúa a las islas en el mapa del arte contemporáneo, no como periferia sino como origen de una de sus voces más singulares.
Su pintura es fácil de reconocer y difícil de olvidar: bodegones reducidos a una jarra o un mantel, cráneos, pájaros, una luz blanca que parece venir de dentro del cuadro. Crítica y público lo llamaron 'el pintor del silencio' porque sus lienzos hablan de lo esencial -el tiempo, la soledad, la muerte- sin estridencia, con una austeridad que él mismo vinculaba a Cézanne y a Zurbarán. Es arte que pide detenerse, lo contrario de la prisa.
Para quien visita Tenerife, su huella es tangible. En el casco histórico de La Laguna, Patrimonio de la Humanidad, una casona del siglo XVIII alberga la Fundación Cristino de Vera, nacida de un acuerdo entre el artista y CajaCanarias. Es una de las paradas de arte más serenas de la isla y la forma más directa de entender por qué su nombre pesa tanto en la cultura canaria.
Me considero un discípulo de Cézanne, pero la pintura de Zurbarán del Prado me impresionó muchísimo. Cristino de Vera
Cristino de Vera Reyes nace el 15 de diciembre en la capital tinerfeña, donde transcurren su infancia y sus primeros estudios.
Se instala en Madrid, donde Daniel Vázquez Díaz lo acoge como discípulo -por recomendación de Mariano de Cossío- y frecuenta la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.
Presenta su primera muestra en solitario en la galería Estilo de Madrid, donde su pintura empieza a llamar la atención de la crítica.
Premiado por la Fundación Juan March, una beca de la institución le permite recorrer Italia, Francia, Bélgica y los Países Bajos, viaje decisivo para depurar su lenguaje.
Recibe la Medalla de Oro de Canarias (1996), el Premio Nacional de Artes Plásticas (1998), la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2002) y el Premio Canarias de Bellas Artes (2005).
En julio se inaugura la Fundación Cristino de Vera, casa-museo de CajaCanarias en una casona del siglo XVIII de la calle San Agustín, con obra donada por el propio artista.
En 2024 el Cabildo de Tenerife le concede la Gran Distinción de Nivaria, su máximo honor. Cristino de Vera fallece el 16 de enero de 2026 en Madrid, a los 94 años.
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