El poeta de los versos humildes, tercera voz del modernismo de Gran Canaria
Torón completa el triángulo fundacional de la poesía grancanaria del siglo XX. Mientras Tomás Morales levantaba un modernismo de aliento épico y Alonso Quesada destilaba su melancolía irónica, Torón eligió el camino contrario: el verso humilde, el tono menor, lo cotidiano. Esa renuncia deliberada a la grandilocuencia, cercana a Antonio Machado, lo convirtió en la voz más intimista de la Escuela Lírica de Telde y en un contrapunto imprescindible para entender de qué estaba hecho el modernismo insular.
Su biografía explica por qué su nombre suena menos que el de sus compañeros. Hombre de extrema timidez, apenas salido de su isla, trabajó toda la vida como empleado de comercio: empezó con quince años en una farmacia, pasó por la Compañía Carbonera de Gran Canaria y por las oficinas de la casa Miller, de donde se jubiló en 1959. Tras la Guerra Civil casi enmudeció, y no rompería ese largo silencio editorial hasta 1963, con Frente al muro. Aquella ausencia pesó sobre su difusión, pero no sobre la calidad de unos versos que el tiempo ha ido reivindicando.
Hoy su legado tiene casa propia. En 1997 la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria adquirió su archivo personal -manuscritos, correspondencia, fotografías, recortes y primeras ediciones, con cerca de medio millar de libros como núcleo original-, un fondo de unas diez mil unidades que custodia la Sala Saulo Torón de la Biblioteca Universitaria. Parte de ese archivo está digitalizado en la Memoria Digital de Canarias, lo que lo mantiene en circulación entre estudiantes e investigadores, lejos del olvido.
Saulo Torón Navarro nace el 28 de junio en Telde, Gran Canaria. Pronto se vincula a Las Palmas de Gran Canaria, ciudad donde transcurrirá el resto de su vida.
Con apenas quince años entra a trabajar en una farmacia, tras pasar por una tienda de tejidos. Más tarde sería empleado de la Compañía Carbonera de Gran Canaria y, ya hacia 1930, de las oficinas de la casa Miller.
Por iniciativa de Claudio de la Torre aparece en Madrid su primer libro, con un poema preliminar de Pedro Salinas y portada de Tomás Morales. El volumen fija su tono inconfundible: el verso humilde, lo cotidiano y el mar como horizonte permanente.
Da a la imprenta su segundo poemario, que consolida una poesía intimista, melancólica y de tono menor, emparentada con la de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
Publica uno de sus títulos más celebrados antes de que la Guerra Civil lo lleve a un largo silencio editorial.
Tras casi tres décadas como empleado de comercio en las oficinas de Miller, se retira de la vida laboral en Las Palmas de Gran Canaria.
Animado por el poeta Lázaro Santana, rompe su largo silencio con un brevísimo poemario que reúne su voz de madurez.
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