Greenpeace revela 18 puntos críticos en las costas canarias ante el avance del mar y el cemento
El litoral del archipiélago canario está sometido a una presión sin precedentes que amenaza con llevarlo al colapso. Así lo refleja el informe Destrucción a toda costa 2026, presentado este jueves por Greenpeace, en el que se identifican hasta 18 puntos especialmente vulnerables en las islas, con aproximadamente 150 kilómetros de costa en riesgo inminente. La combinación de urbanización descontrolada, cambio climático y una gestión insuficiente del dominio público marítimo-terrestre está acelerando la pérdida de espacios naturales y aumentando la exposición ante temporales cada vez más violentos, como la borrasca Therese, que causó daños por ocho millones de euros.
En este artículo7
- El polvorín costero: 18 puntos críticos bajo la lupa
- Una costa asfixiada por el cemento y las ilegalidades
- El ecosistema marino, bajo mínimos
- La Ley de Costas en el punto de mira y la respuesta institucional
- Soluciones basadas en la naturaleza y retirada estratégica
- Un modelo turístico que debe reinventarse
- ¿Qué sigue? La urgencia de actuar antes de que sea demasiado tarde
La organización ecologista advierte de que las islas pierden cada año alrededor de cuatro kilómetros de costa natural por la artificialización del terreno, mientras que las proyecciones científicas apuntan a una subida del nivel del mar cercana al metro para finales de siglo. El informe subraya que los efectos ya se están sintiendo con fuerza en enclaves como el norte de Tenerife, el sur de Gran Canaria y las dunas de Fuerteventura, donde la presión urbanística ha ido más rápido que la capacidad de adaptación del medio.
El polvorín costero: 18 puntos críticos bajo la lupa
Greenpeace ha cartografiado una serie de zonas donde el deterioro es más alarmante. El mapa, que acompaña al estudio, señala desde acantilados erosionados en el norte de Tenerife hasta los arenales más turísticos de Gran Canaria y Fuerteventura. Entre los puntos críticos destacan los siguientes:
Norte de Tenerife: acantilados al límite
En los acantilados de Acentejo y Teno, la energía del oleaje, incrementada por el cambio climático, provoca desprendimientos recurrentes que ponen en peligro infraestructuras y vidas humanas. La erosión natural se ve agravada por las edificaciones en primera línea, que reducen la capacidad de absorción de la costa y facilitan el colapso de terrenos.
Adeje y Granadilla: macroproyectos en entredicho
El sur de Tenerife concentra dos de los casos más mediáticos: el macroproyecto Cuna del Alma, en el Puertito de Adeje, y el Hotel de La Tejita, en Granadilla. Cuna del Alma está siendo investigado judicialmente por invadir la servidumbre de protección del dominio público marítimo-terrestre, mientras que La Tejita ha generado un amplio rechazo social al levantarse sobre dunas protegidas. Ambas obras, según Greenpeace, representan la punta del iceberg de un modelo que prioriza el ladrillo sobre la conservación de ecosistemas frágiles.
Maspalomas (Gran Canaria): el desierto que se ahoga
En la popular playa de Maspalomas, la arena se pierde de manera irreversible hacia el mar. El informe atribuye este fenómeno al “efecto pantalla” provocado por las edificaciones en primera línea, que bloquean los pasillos de viento necesarios para la regeneración natural de las dunas. Sin esta dinámica, el sistema dunar se degrada aceleradamente, amenazando uno de los paisajes más emblemáticos del archipiélago.
Corralejo (Fuerteventura): la controversia de los hoteles dentro del Parque Natural
Las dunas de Corralejo enfrentan un debate sobre la caducidad de las concesiones de hoteles como el Oliva Beach y el Tres Islas, construidos dentro del espacio protegido. Greenpeace y otras organizaciones exigen su desmantelamiento para permitir la recuperación del sistema dunar, mientras que las empresas defienden su permanencia. La situación se ha convertido en un símbolo de la pugna entre desarrollo turístico y preservación ambiental.
Una costa asfixiada por el cemento y las ilegalidades
El descontrol urbanístico en el litoral canario se refleja en una cifra contundente: la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural abrió en un solo año 1.419 expedientes sancionadores. La ocupación irregular del dominio público, con construcciones que en muchos casos llevan décadas en pie, se ha convertido en una amenaza crónica para la integridad de la costa. Los temporales, además, han puesto en evidencia la fragilidad de este modelo: la borrasca Therese dejó una factura de ocho millones de euros y destrozó infraestructuras como las piscinas naturales de La Laguna, lo que demuestra que edificar en zonas de riesgo es una apuesta perdedora frente al avance del mar.
El ecosistema marino, bajo mínimos
El impacto va mucho más allá de la línea de costa. El informe de Greenpeace recoge alteraciones profundas en la biodiversidad marina canaria. La subida de la temperatura del agua ha provocado la proliferación de patógenos que han diezmado hasta el 99,7% de la población de erizos (Diadema), un dato que habla por sí solo del colapso ecológico en marcha. Paralelamente, especies de paso como el tiburón ballena, el tiburón martillo y las mantas están alargando su presencia en aguas canarias, alterando las cadenas tróficas locales. Los sebadales (Cymodocea nodosa), fundamentales para el equilibrio del litoral, retroceden por culpa de los vertidos, el fondeo de embarcaciones y las obras portuarias. A esto se suma la elevada dependencia de la desalación para abastecer al sector turístico y a la población, un proceso que consume grandes cantidades de energía y vierte salmuera al mar, agravando el deterioro del medio marino.
La Ley de Costas en el punto de mira y la respuesta institucional
Greenpeace denuncia que en los últimos años se han producido ataques sistemáticos a la Ley de Costas por parte de comunidades autónomas —entre ellas Canarias— y partidos políticos que buscan flexibilizar las restricciones. La organización ecologista insiste en que “ni el mar ni el clima van a respetar excepciones administrativas” y reclama una aplicación estricta de la normativa, especialmente en lo relativo a la servidumbre de protección de los 100 primeros metros de costa. Mientras tanto, la Fiscalía de Medio Ambiente mantiene abiertas investigaciones sobre varios de los macroproyectos denunciados, y el Cabildo de Gran Canaria ha frenado recientemente una macrogranja de lubinas en La Aldea para proteger el entorno marino y la pesca sostenible. También se ha cuestionado el proyecto de la empresa Underwater Gardens en Tenerife, calificado por Greenpeace como un “ejercicio de lavado verde” que amenaza la Zona Especial de Conservación Teno-Rasca.
Soluciones basadas en la naturaleza y retirada estratégica
Frente a este escenario, el informe apuesta por un giro radical en la política de gestión costera. Entre las principales recomendaciones figura la prohibición de nuevas construcciones en los primeros 500 metros del litoral y el retranqueo de infraestructuras ya existentes. Las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) ocupan un lugar central: la restitución del perfil dunar en Maspalomas y Corralejo, por ejemplo, permitiría recuperar la función de escudo natural frente a los temporales. Asimismo, se aboga por la demolición de edificaciones ilegales y por planes de retirada estratégica en zonas de alto riesgo, como el hotel abandonado de Añaza o el puerto de Fonsalía, que sigue apareciendo en los planes de infraestructuras pese a su nula viabilidad.
Un modelo turístico que debe reinventarse
Canarias recibe cada año más de quince millones de turistas, una cifra que pone a prueba la capacidad de carga del archipiélago. El informe de Greenpeace subraya que el actual modelo de sol y playa es insostenible si no se adoptan medidas urgentes de adaptación al cambio climático. La degradación del litoral no solo amenaza la biodiversidad, sino también la principal fuente de ingresos de las islas. La creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, unida a la pérdida de los atractivos naturales, podría cambiar la percepción de los visitantes y afectar gravemente a la economía local. Por eso, la organización ecologista reclama una planificación territorial que priorice la regeneración de espacios y una reconversión del sector hacia fórmulas más respetuosas con el entorno.
¿Qué sigue? La urgencia de actuar antes de que sea demasiado tarde
El diagnóstico está sobre la mesa y los plazos se acortan. Las administraciones canarias disponen de los informes científicos y las herramientas legales para revertir la situación, pero la inacción o las medias tintas solo agravarán el problema. Greenpeace insta a todas las fuerzas políticas a anteponer la protección del litoral a los intereses urbanísticos de corto plazo y a impulsar un gran pacto por la costa que frene la destrucción. Mientras tanto, la ciudadanía y los colectivos sociales continúan movilizándose contra proyectos como Cuna del Alma o La Tejita, en una carrera contrarreloj por salvar unos ecosistemas que llevan formando parte de la identidad canaria durante milenios.
