La caza de los gatos domésticos reduce el tamaño del lagarto tizón en Canarias
Un estudio reciente, liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la Universidad de La Laguna (ULL) y el Grupo de Ornitología e Historia Natural de las islas Canarias (GOHNIC), ha demostrado que los gatos domésticos están provocando una disminución en el tamaño corporal de los lagartos tizones (Gallotia galloti), especie endémica de las islas. La presión depredadora, incluso de felinos con acceso a alimento, está alterando la estructura poblacional de este reptil, clave en los ecosistemas canarios.
En este artículo8
- Un experimento natural en Tenerife
- Efectos sobre la población: lagartos más pequeños y alteración del ecosistema
- Un problema que va más allá del gato asilvestrado
- El método CER y los vacíos de la Ley de Bienestar Animal
- Un archipiélago vulnerable: más allá del lagarto tizón
- La biodiversidad como imán turístico
- Qué se puede hacer: propuestas y responsabilidad ciudadana
- Un futuro en equilibrio
Un experimento natural en Tenerife
El trabajo, publicado en la revista Biology Letters el 19 de julio de 2026, analizó más de 200 ejemplares de lagarto tizón en hábitats similares de Tenerife, pero con una diferencia crucial: la proximidad a colonias felinas. Los investigadores compararon lagartos que vivían cerca de estas agrupaciones de gatos con otros situados en zonas más alejadas. La isla cuenta con más de 400 colonias registradas, de las cuales se estudiaron 22.
“Por primera vez tenemos indicios del comportamiento cazador no solo de los gatos cimarrones, sino también de aquellos que viven en domicilios y tienen acceso al exterior, incluso cuando no les falta alimento”, explica Juan Carlos Rando, biólogo de la ULL y coautor del estudio. Los resultados muestran que entre el 20 % y el 40 % de los lagartos capturados no son consumidos, lo que apunta a un comportamiento instintivo.
Efectos sobre la población: lagartos más pequeños y alteración del ecosistema
El hallazgo más llamativo es la reducción del tamaño medio de los lagartos en las áreas con alta presión felina. “No se trata solo de un descenso en el número de individuos; la estructura de la población cambia y los ejemplares alcanzan tallas menores”, apunta Airam Rodríguez, investigador del MNCN. En una sola colonia se llegaron a detectar 14 lagartos entre los restos de presas.
Este menoscabo tiene consecuencias en cadena. El lagarto tizón es un dispersor de semillas y una presa fundamental para depredadores autóctonos como el cernícalo vulgar o el alcaraván. Su declive desestabiliza las redes tróficas y puede favorecer la proliferación de especies invasoras.
Un problema que va más allá del gato asilvestrado
Hasta ahora, la mayoría de los estudios se centraban en los gatos cimarrones, completamente salvajes. La novedad radica en demostrar que los gatos con dueño que deambulan libremente, así como los que integran colonias controladas, también ejercen un impacto notable. “El método CER (captura, esterilización y retorno) no ha conseguido reducir las poblaciones de gatos en entornos abiertos, tal y como confirman las evidencias científicas más recientes”, advierte Rando.
Un estudio paralelo, publicado en European Journal of Wildlife Research por el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), subraya la necesidad de un trato legal más homogéneo para perros y gatos, endureciendo las normas que afectan a estos últimos. El trabajo propone modelos como el de Canberra (Australia), donde se trasladan gradualmente a los gatos errantes a santuarios.
El método CER y los vacíos de la Ley de Bienestar Animal
La Ley de Bienestar Animal estatal, aprobada en 2023, limita la gestión de colonias felinas al método CER. Sin embargo, este solo resulta efectivo si se esteriliza al 98 % de los individuos y no se produce migración desde otras zonas, condiciones difíciles de cumplir en Canarias. “La ley se queda corta —señala Beneharo Rodríguez, de GOHNIC—. Este estudio evidencia la urgente necesidad de políticas integradas que protejan la fauna nativa en las inmediaciones de las colonias”.
Un archipiélago vulnerable: más allá del lagarto tizón
El caso de Gallotia galloti no es aislado. Canarias alberga otras especies endémicas de reptiles gravemente amenazadas, como el lagarto gigante de El Hierro (Gallotia simonyi) o el de Gran Canaria (Gallotia stehlini). La fragmentación del hábitat, las especies invasoras y la presión humana convierten a las islas en un punto caliente de biodiversidad en peligro.
El Gobierno de Canarias, en colaboración con los cabildos, mantiene programas de conservación, pero los expertos reclaman un mayor control sobre las mascotas. “Se trata de un conflicto de intereses complejo, en el que el bienestar animal de los gatos debe equilibrarse con la supervivencia de especies únicas”, añade Airam Rodríguez.
La biodiversidad como imán turístico
Millones de personas buscan cada año “la isla más bonita de Canarias” o comparan Tenerife con Gran Canaria, Lanzarote o Fuerteventura. Cada isla ofrece un paisaje singular: los volcanes del Teide, las dunas de Maspalomas, los malpaíses de Timanfaya o las playas de Corralejo. Sin embargo, pocos visitantes saben que parte de ese atractivo reside en una fauna y flora que no existe en ningún otro lugar del mundo.
“Si desaparece el lagarto tizón o se degradan sus hábitats, no solo perdemos un eslabón ecológico, sino un fragmento de la identidad de Tenerife y La Palma”, reflexiona Rando. La conservación, por tanto, no solo es una cuestión medioambiental: también es un pilar del modelo turístico canario, basado en la singularidad natural.
Qué se puede hacer: propuestas y responsabilidad ciudadana
Las soluciones pasan por una combinación de medidas legislativas, educación y compromiso ciudadano. Entre las propuestas de los científicos destacan:
- Endurecer las normativas para limitar el acceso libre de gatos al exterior, fomentando el paseo con correa o los recintos cerrados.
- Crear santuarios controlados para gatos callejeros, siguiendo el modelo australiano.
- Reducir el número de colonias felinas en espacios naturales protegidos y reubicarlas en zonas urbanas de bajo impacto.
- Invertir en campañas de esterilización masiva y en la identificación obligatoria de mascotas.
- Implicar a la comunidad científica en el diseño de los planes de gestión.
Mientras tanto, la ULL y el MNCN continuarán monitorizando la evolución de las poblaciones de lagartos. “Necesitamos más datos para entender el alcance real del problema y tomar decisiones basadas en la evidencia”, concluye Beneharo Rodríguez.
Un futuro en equilibrio
El lagarto tizón no desaparecerá de la noche a la mañana, pero el lento deterioro de sus poblaciones es una advertencia que ningún responsable público debería ignorar. La coexistencia entre especies domésticas y fauna silvestre es posible, pero requiere reglas claras y la voluntad de todos. En un territorio tan frágil como las Islas Canarias, la inacción tiene un precio demasiado alto.
