La fuga de enfermeras canarias se dispara un 20% en 2025 por la precariedad
Un total de 108 enfermeras canarias han solicitado el certificado de buena conducta en 2025 para ejercer en el extranjero, lo que evidencia un incremento de casi el 20 % en la fuga de profesionales respecto al año anterior, según los datos publicados este miércoles por el Consejo General de Enfermería. La precariedad laboral, los contratos temporales y la sobrecarga asistencial empujan a las sanitarias a buscar oportunidades fuera del archipiélago, en un contexto nacional donde 1.356 profesionales pidieron el documento imprescindible para emigrar.
En este artículo9
- Un archipiélago que expulsa talento: el crecimiento imparable de las solicitudes
- Precariedad: la raíz del problema en los centros sanitarios canarios
- Una formación de élite que otros países aprovechan
- Canarias en el mapa nacional de la emigración enfermera
- Los destinos preferidos: Noruega, Estados Unidos, Suiza e Irlanda
- El impacto en el sistema sanitario canario: ratios en la cola y desgaste profesional
- Reclamaciones urgentes: estabilidad y reconocimiento efectivo
- «Debería estar prohibido desperdiciar este talento»: el clamor de los colegios profesionales
- ¿Qué sigue? Propuestas y soluciones urgentes para frenar la sangría
Un archipiélago que expulsa talento: el crecimiento imparable de las solicitudes
El certificado de buena conducta es el requisito que los países de destino exigen a las enfermeras extranjeras para comprobar sus antecedentes penales, por lo que su solicitud se ha convertido en un termómetro fiable de las intenciones reales de emigrar. En 2025, el Consejo General de Enfermería ha registrado 1.356 peticiones en toda España, frente a las 1.134 de 2024. Canarias, con 108 solicitudes, es la quinta comunidad autónoma con mayor volumen, por detrás de Cataluña (271), Madrid (225), Comunidad Valenciana (217) y Andalucía (149).
La cifra isleña supera la de regiones como el País Vasco (73) o Baleares (48) y confirma una tendencia que se ha acelerado en los últimos ejercicios. El presidente del Consejo General, Florentino Pérez Raya, califica la situación actual del Sistema Nacional de Salud como un «momento crítico» debido a la pérdida continua de personal cualificado. «Llevamos años denunciando esta situación y lejos de intentar poner soluciones, vemos que cada vez son más los compañeros que se marchan en busca de mejores oportunidades laborales», ha señalado el portavoz colegial.
Precariedad: la raíz del problema en los centros sanitarios canarios
Los motivos que impulsan a las enfermeras a hacer las maletas no son desconocidos. El secretario general del Sindicato de Técnicos y Profesionales de la Sanidad (SATSE) en Canarias, Yoel Hernández, los resume sin ambages: «Esta fuga no es una decisión aislada e individual; es consecuencia de años de precariedad laboral, de falta de planificación y de un reconocimiento escaso a la profesión». Detrás de cada solicitud de certificado se esconde una historia de contratos que duran solo días o semanas, de imposibilidad de acceder a una plaza estable y de ratios enfermera-paciente muy por debajo de lo recomendable.
Esa precariedad estructural genera, según Hernández, «una sobrecarga absolutamente desbocada que provoca estrés, agotamiento físico y desgaste emocional». A ello se suma la percepción de que el sistema no valora ni la formación ni la experiencia de sus profesionales. «No es falta de vocación, sino la necesidad de ejercer la enfermería con dignidad y abandonar la precariedad», subraya el sindicalista, en alusión al alto porcentaje de colegiadas que se plantean no solo dejar Canarias o España, sino incluso la profesión.
Una formación de élite que otros países aprovechan
El contraste entre la calidad de la formación que reciben las enfermeras en las universidades españolas y las condiciones laborales que encuentran al egresar es uno de los puntos más señalados por el Consejo General. Las profesionales españolas están muy bien valoradas en el extranjero, y países como Noruega, Estados Unidos, Suiza e Irlanda se han convertido en destinos prioritarios para quienes deciden emigrar. «No podemos permitirnos tener profesionales con una de las mejores formaciones del mundo y luego no hacer políticas reales para que quieran trabajar aquí», denuncia Pérez Raya.
Los datos de los últimos años muestran que esa formación de excelencia termina siendo «desperdiciada» por las administraciones, según el presidente colegial, que califica de «dramático» que miles de enfermeras se formen anualmente en las aulas para verse obligadas después a buscar empleo en países que ofrecen condiciones más atractivas. La paradoja adquiere tintes aún más preocupantes en territorios como Canarias, donde la presión asistencial sobre la sanidad pública es especialmente alta debido a la dispersión geográfica y la estacionalidad turística.
Canarias en el mapa nacional de la emigración enfermera
El desglose por autonomías dibuja un mapa con claros focos de fuga. Cataluña encabeza la lista con 271 solicitudes, seguida de Madrid (225), Comunidad Valenciana (217) y Andalucía (149). Canarias ocupa la quinta posición con 108, por delante de comunidades como Galicia (91), Castilla y León (82) o Murcia (77). Baleares, el otro archipiélago, registró 48 peticiones. La concentración en las comunidades más pobladas no oculta, sin embargo, el mayor impacto relativo que la emigración supone para sistemas insulares con plantillas más reducidas.
El crecimiento interanual del 20 % en toda España es interpretado por el Consejo General como una señal inequívoca de que las políticas de retención no están funcionando. «Resulta dramático ver cómo en las universidades formamos a miles de enfermeras que luego, debido a las malas condiciones que ofertan las comunidades y a la sobrecarga de trabajo, se ven obligadas a buscar empleo en el extranjero», insiste Pérez Raya. En Canarias, además, la insularidad añade un factor disuasorio: para muchas profesionales, la decisión de emigrar supone un salto aún mayor, al alejarse de sus redes familiares y de apoyo.
Los destinos preferidos: Noruega, Estados Unidos, Suiza e Irlanda
Los sistemas sanitarios de Noruega, Estados Unidos, Suiza e Irlanda son los que más activamente reclutan enfermeras españolas, atraídas por salarios significativamente superiores, contratos estables y ratios de pacientes más equilibradas. La demanda internacional ha ido en aumento, y las agencias de contratación despliegan campañas específicas en España, conscientes de la excelente reputación formativa de nuestras diplomadas y graduadas.
El atractivo de estos países no se limita a lo económico: ofrecen planes de carrera, formación continuada y un entorno laboral que muchas enfermeras canarias no encuentran en su tierra. Para Yoel Hernández, «es el reconocimiento a una profesión que aquí está infrarrepresentada y ninguneada». La salida masiva de profesionales agrava, a su vez, la situación de quienes se quedan, al incrementar la carga de trabajo en unos centros ya tensionados.
El impacto en el sistema sanitario canario: ratios en la cola y desgaste profesional
Las ratios enfermera-paciente en las islas se sitúan entre las más bajas del país, lo que se traduce en una atención menos personalizada y un mayor riesgo de eventos adversos. SATSE Canarias lleva años denunciando esta situación, que ahora se ve agravada por la marcha de profesionales experimentadas. «La sobrecarga asistencial genera un aumento del estrés, agotamiento físico y desgaste emocional que hace a muchas compañeras cuestionarse si vale la pena seguir», explica Hernández.
El Servicio Canario de la Salud, como se denomina el organismo gestor, arrastra déficits estructurales de personal que la emigración amenaza con cronificar. La combinación de temporalidad —contratos de días o semanas—, falta de oferta pública de empleo suficiente y condiciones laborales precarias ha creado un círculo vicioso del que resulta difícil escapar. «No podemos ver la fuga como un fenómeno coyuntural; es la punta del iceberg de un sistema que no cuida a sus profesionales», resume el secretario general de SATSE Canarias.
Reclamaciones urgentes: estabilidad y reconocimiento efectivo
Ante esta realidad, el Consejo General de Enfermería exige al Ministerio de Sanidad y a las consejerías autonómicas, incluida la canaria, la convocatoria urgente de mesas de trabajo. Las demandas prioritarias son la eliminación de la temporalidad estructural, la oferta de contratos estables y el reconocimiento efectivo de la categoría profesional correspondiente, que compense la alta cualificación y la responsabilidad de las enfermeras.
SATSE, por su parte, subraya la necesidad de una planificación a largo plazo que contemple las necesidades reales de las plantillas, así como una mejora de las ratios que garantice tanto la seguridad del paciente como la salud laboral de las profesionales. «No se trata solo de subir el sueldo; es crear un entorno en el que una enfermera pueda desarrollar su carrera sin estar permanentemente al borde del burnout», apuntan desde el sindicato.
«Debería estar prohibido desperdiciar este talento»: el clamor de los colegios profesionales
La frase del presidente del Consejo General de Enfermería —«Debería estar prohibido que se formase a las enfermeras para luego desperdiciar ese talento y dejarlas marchar»— ha resonado con fuerza en el colectivo. Pérez Raya insiste en que las administraciones no están a la altura de la inversión que realiza el sistema educativo en la formación sanitaria. Cada enfermera que emigra representa no solo una pérdida de talento, sino un coste económico y social que las islas difícilmente pueden asumir.
El dato canario de 108 solicitudes, aunque pueda parecer modesto en términos absolutos, cobra toda su dimensión si se considera el tamaño de la plantilla del archipiélago y la dificultad para cubrir determinadas especialidades y zonas alejadas. La marcha de una sola enfermera en una isla no capitalina puede desequilibrar por completo un centro de salud.
¿Qué sigue? Propuestas y soluciones urgentes para frenar la sangría
Frenar la fuga de talento enfermero pasa, según las organizaciones profesionales, por un cambio de rumbo en las políticas de recursos humanos del Servicio Canario de la Salud. La primera medida debe ser la eliminación progresiva de la temporalidad, fijando un porcentaje máximo de contratos eventuales y garantizando procesos selectivos ágiles y periódicos. Además, se reclama un incremento de las plantillas presupuestarias que permita ajustar las ratios a las recomendaciones internacionales de seguridad del paciente.
Otra línea de trabajo es la creación de incentivos profesionales y económicos vinculados a la permanencia en zonas de difícil cobertura y al desempeño en áreas especialmente tensionadas. Tanto el Consejo General como SATSE coinciden en que las enfermeras necesitan percibir un reconocimiento tangible que vaya más allá de los aplausos de la pandemia. «Se trata de dignificar la profesión para que ninguna compañera se vea obligada a cruzar el Atlántico o a instalarse en el norte de Europa por la falta de expectativas aquí», concluye Hernández.
La pelota está ahora en el tejado de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias y del Ministerio de Sanidad. Las mesas de diálogo propuestas por los colegios profesionales serán la primera prueba de fuego para comprobar si las administraciones están dispuestas a abordar un problema que, lejos de remitir, amenaza con cronificar la escasez de enfermeras en un archivo ya tensionado por la demanda asistencial. Con 108 solicitudes en lo que va de 2025 y una tendencia al alza, el tiempo de las soluciones se acorta.
