Lleno total en Jameos del Agua con el musical que revive al ‘Salinero’ y la memoria lanzaroteña
Los Jameos del Agua vibraron el pasado fin de semana con el estreno del musical Víctor, una obra que rinde homenaje al poeta popular de Lanzarote Víctor Fernández Gopar, conocido cariñosamente como “El Salinero”. Las dos funciones programadas, el viernes y el sábado, colgaron el cartel de “entradas agotadas”, congregando a cientos de espectadores en un espectáculo que fusionó teatro, música, danza y humor para celebrar la memoria colectiva de la isla. La producción, impulsada por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote con el patrocinio del Área de Cultura del Cabildo de Lanzarote, se gestó durante más de dos años y se convirtió en uno de los hitos culturales del verano en el archipiélago.
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- Un fin de semana de lleno absoluto en los Jameos del Agua
- ¿Quién fue Víctor Fernández Gopar, ‘El Salinero’?
- Dos años de gestación para un proyecto ambicioso
- Jameos del Agua: cuando el espacio se convierte en escena
- Música, danza y humor: un lenguaje contemporáneo para la tradición
- Reacciones y respaldo institucional
- El valor de la memoria cultural en Lanzarote
- Más allá del musical: la oferta cultural y turística de Lanzarote
- El legado de Víctor y el futuro de la cultura en Canarias
Un fin de semana de lleno absoluto en los Jameos del Agua
La expectación era máxima. El Auditorio de los Jameos del Agua, ese espacio singular donde la obra de César Manrique dialoga con la cueva volcánica, abrió sus puertas para acoger las dos representaciones de Víctor y la respuesta del público no se hizo esperar: todas las localidades disponibles se vendieron con antelación. El ambiente era de celebración, con un público heterogéneo en el que se mezclaban vecinos de todas las edades, visitantes atraídos por la propuesta cultural y seguidores de la trayectoria del homenajeado. La noche del viernes y la del sábado se convirtieron en un viaje emocional que, desde el primer compás, conectó a los asistentes con las raíces de Lanzarote.
La organización corrió a cargo de los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT) de Lanzarote, entidad dependiente del Cabildo insular que gestiona este y otros espacios emblemáticos, y contó con el respaldo expreso del área de Cultura del Cabildo de Lanzarote, cuyo consejero, Jesús Machín Tavío, siguió de cerca ambas funciones. La colaboración institucional y el largo proceso creativo dieron como resultado una puesta en escena que trascendió el mero entretenimiento para convertirse en una reivindicación del patrimonio inmaterial de la isla.
¿Quién fue Víctor Fernández Gopar, ‘El Salinero’?
Para entender la magnitud del homenaje, conviene adentrarse en la figura de Víctor Fernández Gopar (1914-2005), natural de Las Breñas, en el municipio de Yaiza. De profesión salinero —trabajador de las salinas de Janubio—, El Salinero fue un poeta popular, repentista y un verdadero cronista de la vida rural lanzaroteña del siglo XX. Su obra, transmitida oralmente en buena medida, recoge coplas, romances, décimas y estrofas improvisadas que retratan las faenas del campo y la mar, las tradiciones, las añoranzas y el carácter de un pueblo que supo sobrevivir en un territorio árido. No fue un poeta al uso académico, sino un creador genuino cuya voz brotaba de la tierra y que se convirtió en memoria viva de varias generaciones.
El legado de El Salinero ha sido recuperado en las últimas décadas por investigadores, folcloristas y asociaciones culturales que han visto en sus versos un tesoro antropológico. El musical Víctor toma ese universo lírico y lo traslada a un formato escénico contemporáneo, demostrando que la tradición oral puede dialogar con las artes escénicas actuales y emocionar a un público del siglo XXI.
Dos años de gestación para un proyecto ambicioso
Detrás de Víctor hay un trabajo de investigación histórica y de creación artística que se prolongó durante más de dos años. El equipo, formado íntegramente por profesionales canarios, se sumergió en archivos, entrevistas a familiares y vecinos, y en el propio paisaje de Las Breñas para reconstruir la esencia del personaje. La dramaturgia no siguió una línea cronológica estricta, sino que optó por una sucesión de cuadros escénicos en los que la palabra, la música y el movimiento se complementaban para ofrecer una mirada poliédrica sobre el poeta.
El resultado fue una obra polifónica, en la que diferentes intérpretes encarnaron facetas del protagonista y de la comunidad que lo arropó. La dirección musical incorporó instrumentos tradicionales como el timple junto a arreglos contemporáneos, y la coreografía bebió tanto de los bailes folclóricos como de la danza moderna. Todo ello confirió al espectáculo un ritmo vibrante, capaz de transitar de lo íntimo a lo festivo sin perder cohesión.
Jameos del Agua: cuando el espacio se convierte en escena
Uno de los grandes aciertos de la producción fue aprovechar las posibilidades inmersivas del Auditorio de los Jameos del Agua, un recinto que forma parte del tubo volcánico del Volcán de la Corona y que fue transformado por César Manrique en un centro de arte, cultura y turismo. La decisión de trasladar allí la representación no fue casual: la arquitectura orgánica del lugar, con su lago interior, sus juegos de luz y su acústica natural, potenció el carácter simbólico del montaje.
Desde el momento en que los espectadores accedían al recinto, la experiencia comenzaba. Se diseñó una bienvenida inspirada en el imaginario de la Atlántida, con elementos sensoriales que difuminaban la frontera entre el espacio real y la ficción. Los asistentes se veían envueltos en una atmósfera que los preparaba para el viaje poético que estaba a punto de desarrollarse. Esta concepción integral del espectáculo, donde el entorno no es un mero contenedor sino parte activa de la narrativa, ha sido una de las señas de identidad del proyecto.
La elección de Jameos del Agua también encierra un fuerte simbolismo, pues se trata de uno de los iconos de la isla que mejor encarna el diálogo entre naturaleza y creatividad humana que define la obra de Manrique, y en buena medida, el espíritu de Lanzarote.
Música, danza y humor: un lenguaje contemporáneo para la tradición
Lejos de caer en una recreación arqueológica o nostálgica, Víctor apostó por un lenguaje escénico fresco y accesible. La banda sonora original combinó rasgueos de timple, percusiones latinas y armonías vocales que remitían tanto a las parrandas como a la música popular actual. Las coreografías, ejecutadas por un elenco de bailarines canarios de gran versatilidad, fusionaron pasos de folías y seguidillas con líneas más contemporáneas, generando un atractivo visual que mantuvo al público expectante.
Los momentos de humor, a cargo de personajes entrañables que rememoraban anécdotas y dichos de El Salinero, sirvieron de contrapunto a los pasajes de mayor carga emotiva, como aquellos que evocaban la dureza del trabajo en las salinas o la emigración. La alternancia de registros evitó que el espectáculo se volviera monolítico y facilitó que espectadores de todas las edades conectaran con la historia.
Las ovaciones al término de cada función y los comentarios recogidos entre los asistentes subrayaron que la obra logró su objetivo: entretener, conmover y, sobre todo, hacer pensar sobre la importancia de preservar y transmitir el patrimonio cultural. Muchos destacaron la valentía de abordar una figura local desde un prisma universal, sin renunciar a las raíces.
Reacciones y respaldo institucional
El consejero de Cultura del Cabildo de Lanzarote, Jesús Machín Tavío, valoró de forma muy positiva la acogida del musical y señaló que el interés despertado por Víctor confirma que las propuestas culturales ligadas al patrimonio tienen una enorme capacidad de convocatoria cuando se presentan con una mirada creativa y un alto nivel de calidad artística. Machín agradeció públicamente el trabajo del equipo artístico y técnico, y recalcó que iniciativas como esta contribuyen a fortalecer los vínculos entre la ciudadanía y su historia.
La respuesta del público, con los dos llenos absolutos, ha supuesto un espaldarazo para los Centros de Arte, Cultura y Turismo, que ven reforzada su apuesta por una programación que combine el atractivo turístico de sus espacios con una oferta cultural arraigada en la identidad insular. De hecho, fuentes de la organización adelantaron que se están valorando posibles nuevas funciones ante la demanda que se ha generado en las redes sociales durante los días posteriores al estreno.
El valor de la memoria cultural en Lanzarote
El fenómeno de Víctor trasciende lo puramente escénico. En una isla que ha sabido reinventarse sin perder su esencia, la recuperación de figuras como El Salinero responde a una necesidad colectiva: la de mantener viva la memoria de quienes forjaron la identidad lanzaroteña antes de que el turismo transformara la economía y el paisaje social. La obra no solo reivindica la figura del poeta, sino que pone en valor todo un universo cultural —el del campesinado, los pescadores, las salineras— que corre el riesgo de diluirse en la homogeneización global.
Especialistas en patrimonio inmaterial destacan que este tipo de creaciones artísticas funcionan como potentes herramientas de transmisión intergeneracional. Al subir al escenario las coplas y los relatos de El Salinero, el musical permite que los más jóvenes se apropien de un legado que, de otra forma, quedaría confinado en archivos o en la memoria de los mayores. La dimensión comunitaria del proyecto también se reflejó en la implicación de numerosos colectivos locales durante la fase de investigación y en la presencia, entre el público, de familiares del homenajeado.
Más allá del musical: la oferta cultural y turística de Lanzarote
El éxito de Víctor se enmarca en una isla que ha hecho de la simbiosis entre arte y naturaleza uno de sus principales atractivos. Quienes viajan a Lanzarote suelen preguntarse, al igual que tantos otros visitantes de Canarias, cuál es la isla más bonita para visitar; aunque la respuesta es subjetiva, el paisaje volcánico y la impronta de César Manrique otorgan a Lanzarote un carácter único. La isla ofrece un abanico de experiencias que van desde los lugares más emblemáticos que ver en Lanzarote —como el Parque Nacional de Timanfaya, la Cueva de los Verdes o los propios Jameos del Agua— hasta una agenda cultural cada vez más vibrante.
En cuanto a la comparativa de precios con otras islas como Gran Canaria o Tenerife, Lanzarote se posiciona como un destino competitivo, especialmente cuando se aprovechan eventos culturales de acceso moderado o gratuito como el que acaba de celebrarse. Las administraciones locales apuestan por democratizar la cultura y, al mismo tiempo, por diversificar una oferta turística que tradicionalmente gravitaba sobre el sol y la playa. El musical Víctor es un ejemplo perfecto de cómo un evento de alta calidad puede convertirse en un producto turístico diferenciado, capaz de atraer a visitantes interesados en el patrimonio y las artes escénicas.
Para quienes deseen explorar qué ver y hacer en Canarias más allá de los tópicos, el archipiélago esconde tesoros como este, en los que la tradición se reinventa sin perder autenticidad. La programación de los Centros de Arte, Cultura y Turismo incluye durante todo el año propuestas de teatro, música, exposiciones y talleres que complementan la visita a los centros turísticos y permiten al viajero sumergirse en la vida cultural insular.
El legado de Víctor y el futuro de la cultura en Canarias
La experiencia de Víctor deja varias lecciones. Demuestra que existe un público ávido de contenidos culturales que conecten con lo local sin renunciar a la excelencia artística; prueba que la colaboración entre instituciones puede generar proyectos ambiciosos y de largo recorrido; y, sobre todo, recuerda que la identidad de un pueblo no es un vestigio del pasado, sino un material vivo que puede transformarse en creación contemporánea.
El musical ha logrado que el nombre de El Salinero resuene más allá de los círculos de la cultura tradicional, y ha situado a Jameos del Agua como un escenario de primer orden para propuestas teatrales y musicales. Las expectativas están puestas ahora en si la producción podrá girar por otros espacios del archipiélago o incluso traspasar fronteras, llevando la poesía de este salinero majorero —si se permite el gentilicio— a nuevos públicos.
En un momento en el que Canarias refuerza su apuesta por la cultura como eje de desarrollo, iniciativas como Víctor señalan el camino: una cultura arraigada, participativa y abierta que, desde el respeto a la memoria, mira hacia el futuro con ambición creativa.
