Confirmada la circulación autóctona de leishmaniosis canina en Canarias: 13 perros infectados sin viajar
Un estudio de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) ha identificado los primeros casos de leishmaniasis en perros que jamás han salido del archipiélago. Los hallazgos preliminares, con datos de cerca de 800 animales, desmontan la creencia de que Canarias estaba libre de esta enfermedad potencialmente mortal y transmisible a humanos.
En este artículo9
- El estudio que cambia el mapa epidemiológico canario
- El vector: el flebótomo, un insecto diminuto que rompe la barrera
- ¿Por qué ahora? Calentamiento global y movilidad, los aliados del parásito
- Riesgo para las personas: una zoonosis que exige vigilancia
- Síntomas en el perro: detección precoz para salvar vidas
- Estrategias de prevención: vacuna, collares repelentes y sentido común
- Una amenaza que no distingue entre islas: belleza y precaución van de la mano
- Hoja de ruta: jornadas de alerta y coordinación sanitaria
- La leishmaniasis en el contexto nacional: una enfermedad en expansión
El estudio que cambia el mapa epidemiológico canario
La investigación, liderada por el catedrático Alberto Montoya y la investigadora Beatriz Morales, ha analizado desde 2023 muestras procedentes de todas las islas. Hasta ahora, la comunidad veterinaria asumía que los perros diagnosticados en Canarias eran casos importados, animales que habían viajado a la Península o a Baleares y regresaban infectados. Pero los resultados provisionales, dados a conocer el 29 de junio por la ULPGC, confirman un vuelco: 13 perros han contraído la enfermedad sin haber pisado nunca fuera de las islas, y aproximadamente el 10% de los canes examinados por sospecha clínica han dado positivo en las pruebas serológicas.
El equipo ha trabajado con una muestra cercana a los 800 perros remitidos por centros veterinarios de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y el resto del Archipiélago. Ese 10% debe interpretarse con cautela, puntualizan los investigadores: no refleja la prevalencia en la población canina general, sino entre aquellos animales que ya presentaban síntomas compatibles. Aun así, deja claro que el parásito Leishmania infantum circula activamente dentro del territorio insular.
El vector: el flebótomo, un insecto diminuto que rompe la barrera
La leishmaniasis se transmite mediante la picadura de un díptero hematófago más pequeño que un mosquito: el flebótomo o mosca de la arena. Hasta hace poco, se sabía que el insecto existía en los ecosistemas canarios —su presencia está documentada desde hace casi cuatro décadas—, pero no se consideraba que estuviese propagando el parásito. La confirmación de contagios autóctonos implica que el flebótomo canario ya actúa como vector efectivo de la leishmaniasis, lo que cambia radicalmente la situación sanitaria para los animales domésticos y, potencialmente, para las personas.
El flebótomo tiene hábitos crepusculares, con máxima actividad al amanecer y al atardecer. Vive en zonas húmedas y templadas, y encuentra en los jardines, parques y patios de las viviendas canarias un entorno propicio para reproducirse. A diferencia de otros parásitos externos, las pastillas antiparasitarias de uso más común no son eficaces frente a su picadura, lo que obliga a adoptar medidas específicas de prevención.
¿Por qué ahora? Calentamiento global y movilidad, los aliados del parásito
Los investigadores vinculan el cambio epidemiológico a dos factores principales: el aumento de las temperaturas y la mayor movilidad de mascotas entre islas y con la Península. El calentamiento global alarga las estaciones cálidas y facilita que el flebótomo complete su ciclo vital durante más meses al año. Paralelamente, el trasiego de perros sin los controles adecuados —viajes de vacaciones, adopciones, mudanzas— ha podido introducir el parásito en zonas donde antes no se detectaba.
“Los resultados dejan claro que la presencia de este parásito en Canarias es mayor de lo que se creía; los datos apuntan claramente a un cambio epidemiológico”, explica la investigadora Beatriz Morales. El hallazgo obliga a replantear los protocolos de vigilancia y prevención veterinaria en todo el Archipiélago.
Riesgo para las personas: una zoonosis que exige vigilancia
La leishmaniasis no es exclusiva de los perros: se trata de una zoonosis, lo que significa que el mismo flebótomo puede transmitir el parásito a gatos, caballos y seres humanos. En las personas, la forma más común es la cutánea, que produce lesiones ulcerosas de cicatrización lenta, a menudo en zonas expuestas de la piel. También existe una forma visceral o sistémica, más grave, que afecta al hígado, el bazo y la médula ósea, y que puede ser mortal, sobre todo en pacientes inmunodeprimidos.
Según el último informe de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), en 2024 se notificaron en España 473 casos de leishmaniasis humana, frente a los 387 de 2023 y los 291 de 2022. La tendencia alcista refuerza la necesidad de considerar esta patología como un problema de salud pública, también en Canarias, donde la aparición de ciclos autóctonos eleva el nivel de alerta.
Síntomas en el perro: detección precoz para salvar vidas
La leishmaniasis canina puede manifestarse meses después de la picadura. Los primeros indicios suelen ser dermatológicos: úlceras en la piel que no cicatrizan, costras, descamación, caída del pelo alrededor de ojos y orejas, y un crecimiento anómalo de las uñas. También es frecuente el sangrado nasal, la conjuntivitis persistente y una pérdida de peso progresiva.
Si el parásito avanza sin tratamiento, invade la sangre y los órganos internos, pudiendo desencadenar insuficiencia renal, anemia severa, lesiones oculares y un deterioro general que puede ser irreversible. La enfermedad es potencialmente mortal y, aunque existen tratamientos, estos son largos, costosos y no siempre logran eliminar el parásito por completo. De ahí que los veterinarios insistan en acudir a consulta ante el menor síntoma compatible, sin esperar a que el cuadro se agrave.
Estrategias de prevención: vacuna, collares repelentes y sentido común
Ante un escenario en el que ya no es posible confiar en la ausencia del vector, la comunidad veterinaria recomienda un enfoque preventivo multimodal. La vacuna frente a la leishmaniasis, si bien no ofrece una efectividad del 100%, reduce de forma notable la probabilidad de desarrollar la enfermedad y evita las formas clínicas más graves. “Tenemos vacunas que, aunque no son perfectas, evitan muchísimo el contagio y la expansión”, subraya el profesor Montoya.
A la vacunación se suma el uso de collares antiparasitarios específicos con efecto insecticida frente al flebótomo, así como pipetas o spot-on que repelen al insecto. Es importante saber que las pastillas antiparasitarias convencionales —las que se administran por vía oral para proteger frente a pulgas y garrapatas— no tienen acción contra este díptero. Por ello, los dueños deben consultar al veterinario para diseñar un plan adaptado a su mascota.
Otras medidas complementarias incluyen evitar los paseos durante las horas de máxima actividad del flebótomo (amanecer y atardecer), usar mosquiteras en las ventanas de las viviendas y mantener los espacios exteriores limpios de materia orgánica en descomposición, donde el insecto deposita sus huevos.
Una amenaza que no distingue entre islas: belleza y precaución van de la mano
La presencia del flebótomo se ha constatado en todas las islas del Archipiélago. Para los canarios y para los miles de turistas que cada año se debaten entre si es más bonita Tenerife o Lanzarote, o si Gran Canaria supera a Fuerteventura en atractivos naturales, el mensaje de los veterinarios es claro: el riesgo de leishmaniasis ya no depende del destino vacacional que se elija. Cualquier rincón de las Islas puede albergar al insecto transmisor.
Ello no significa renunciar a disfrutar del entorno canario. Simplemente obliga a incorporar la salud de las mascotas en la planificación del viaje. Si llega con su perro a Fuerteventura atraído por sus interminables playas de arena, o si se instala en Tenerife para ascender al Teide, asegúrese de que su animal cuenta con la protección adecuada antes de pisar suelo isleño. Las autoridades veterinarias recomiendan anticipar la vacunación y el uso de repelentes, y consultar al clínico tanto antes como después de un desplazamiento entre islas o con la Península.
Hoja de ruta: jornadas de alerta y coordinación sanitaria
La ULPGC ha anunciado la celebración, el próximo mes de septiembre, de unas jornadas específicas para poner los resultados del estudio en conocimiento de las autoridades sanitarias del Gobierno de Canarias y de los colegios profesionales de veterinarios. El objetivo es diseñar un plan de contingencia que impulse la vigilancia epidemiológica, la formación de los clínicos y la concienciación de la población.
“Aún estamos a tiempo de evitar una situación como la de algunas zonas mediterráneas, donde la leishmaniasis está ampliamente asentada”, advierte Montoya. La ventana de oportunidad pasa por intensificar las medidas preventivas ahora que la transmisión local está empezando, antes de que el parásito se establezca de manera irreversible en los ecosistemas insulares.
La leishmaniasis en el contexto nacional: una enfermedad en expansión
España es un país endémico para la leishmaniasis, especialmente en sus formas visceral y cutánea. Los datos de RENAVE muestran un aumento progresivo de casos humanos: 291 en 2022, 387 en 2023, 473 en 2024 y 140 en lo que va de 2026 (contabilizados hasta junio). En perros, la enfermedad está presente en buena parte del territorio peninsular, pero Canarias se había mantenido hasta ahora como un reducto libre de ciclos autóctonos. La nueva realidad obliga a sumar el Archipiélago al mapa nacional de riesgo.
Los expertos recuerdan que la leishmaniasis canina tiene tratamiento —basado en fármacos leishmanicidas y soporte renal— pero la curación completa es difícil y las recidivas son frecuentes. La clave, insisten, está en la prevención y en el diagnóstico precoz. Con una mascota protegida y un propietario informado, es posible convivir con el flebótomo sin poner en riesgo la vida del animal.
