El viento de cola que frustró el viaje papal: la avería que puso a prueba a Los Rodeos
Una incidencia técnica en el Airbus A320 que debía trasladar al papa León XIV de vuelta a Roma provocó el viernes 12 de junio de 2026 un retraso de más de tres horas en el aeropuerto Tenerife Norte–Ciudad de La Laguna (Los Rodeos). El pontífice, que acababa de oficiar una misa multitudinaria en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, se vio obligado a desembarcar junto al rey Felipe VI mientras los equipos de Iberia intentaban sin éxito reparar la avería. Finalmente, un Falcon del Ejército del Aire español puesto a disposición por la Casa Real permitió al Santo Padre emprender el vuelo, mientras el monarca y el resto de la delegación aguardaban en tierra un segundo avión. Lo que parecía un fallo rutinario se transformó en un dispositivo logístico excepcional, con la seguridad del papa como prioridad absoluta.
En este artículo8
- Una visita histórica que culminaba en Canarias
- «Problema técnico no reparable inmediatamente»: la cronología del incidente
- ¿Por qué un viento de cola puede ser un enemigo silencioso?
- El Falcon del Ala 45: la solución de la Casa Real
- El segundo puente aéreo para el séquito
- Los Rodeos, un aeropuerto con historia de vientos y gestas
- ¿Por qué Tenerife? La isla elegida por el Papa
- ¿Y ahora qué? El legado inmediato de la visita
Una visita histórica que culminaba en Canarias
La estancia de León XIV en España –del 6 al 12 de junio de 2026– había arrancado en Madrid, seguido de Barcelona y, por primera vez, las Islas Canarias. La elección de Tenerife como última escala no fue casual: la mayor de las islas del archipiélago ofrece un paisaje volcánico único coronado por el Teide, un clima benigno durante casi todo el año y una infraestructura capaz de albergar grandes eventos. Todo ello quedó patente en la eucaristía del viernes en el Puerto de Santa Cruz, donde alrededor de 40.000 fieles abarrotaron la explanada, un acto que la propia Santa Sede describió como «emotivo» y que retrasó en una hora el programa previsto.
Pero la demora del acto litúrgico iba a ser solo el preludio de una cadena de contratiempos. Según el plan de vuelo inicial, el avión de Iberia fletado por el Vaticano –un Airbus A320 denominado Parque Nacional Picos de Europa– debía despegar a las 15:20 hora canaria (14:20 GMT). Fuentes de la organización cifraban en unos ochenta los periodistas que acompañaban al séquito, más los cardenales y el equipo de seguridad, todo un despliegue que convertía aquel vuelo chárter en una operación de alta exigencia diplomática.
«Problema técnico no reparable inmediatamente»: la cronología del incidente
Poco antes de las 16:30 hora local, con el papa ya a bordo y el rey Felipe VI despidiéndole a pie de pista, el comandante Julio Ruiz-Zorrilla Gómez comunicó al pasaje que se había detectado una incidencia técnica. La primera maniobra de los mecánicos fue remolcar el aparato para situarlo contra el viento, pues el comandante explicó que «el fallo se ha podido producir por el viento en cola». No era una conjetura peregrina: Tenerife Norte es famoso por sus rachas cambiantes y por situaciones de viento cruzado que en ocasiones complican las operaciones (quienes planean visitar la isla pueden comprobar la previsión actualizada en nuestra página del tiempo en Tenerife).
A pesar de ese intento, poner en marcha el motor fue infructuoso. Sobre las cinco de la tarde, Iberia informaba en un comunicado de que «el avión ha sufrido un problema técnico que no puede ser reparado inmediatamente» y que, siguiendo sus protocolos de seguridad, se optaba por reemplazar la aeronave. En ese momento comenzó el desembarco: primero los cardenales Pietro Parolin –secretario de Estado vaticano– y Ángel Fernández Artime, después el resto del séquito y los periodistas. El papa y Felipe VI bajaron juntos, conversando sin aparente inquietud, como captaron las imágenes difundidas por la propia Casa del Rey.
¿Por qué un viento de cola puede ser un enemigo silencioso?
La referencia al «viento en cola» sorprendió a algunos observadores ajenos al mundo aeronáutico. En realidad, cualquier avión a reacción necesita que la entrada de aire a los motores se produzca en condiciones estables. Cuando un aparato está estacionado o inicia el rodaje con el viento soplando desde atrás, el flujo no incide directamente sobre las tomas de admisión. Este fenómeno puede generar recirculación de gases calientes del escape –lo que se conoce como reingestión– y elevar de manera peligrosa la temperatura en los álabes de la turbina, llevando a un fallo de encendido o a una parada automática del motor para protegerlo. Los manuales de la EASA (Agencia Europea de Seguridad Aérea) desaconsejan el arranque con viento de cola si se superan ciertos límites, y por eso la tripulación intentó reorientar la aeronave.
Aunque Iberia no detalló la naturaleza exacta de la avería, los indicios apuntan a que el sistema de control del motor registró parámetros fuera de rango suficientes para inmovilizar el avión. Lo que sí confirmó la compañía es que la reparación no era viable a corto plazo, de ahí la decisión de traer otro vuelo desde Madrid.
El Falcon del Ala 45: la solución de la Casa Real
Mientras los técnicos descartaban la aeronave siniestrada, la Casa del Rey ofreció al pontífice una salida de emergencia. A las pocas horas, un Falcon 900 –perteneciente al Ala 45 del Ejército del Aire, una unidad especializada en transporte de altas personalidades– aterrizó en Los Rodeos. Según fuentes del Vaticano citadas en el entorno del viaje, la oferta se gestionó en cuestión de minutos, y el rey instruyó a la tripulación para que se prepararan «ante cualquier eventualidad».
Pasadas las seis de la tarde, el papa León XIV despegaba en el Falcon con su círculo más próximo. Felipe VI, acompañado de los ministros Elma Saiz (portavoz del Gobierno) y Ángel Víctor Torres (Política Territorial), volvió a despedir al Santo Padre a pie de pista. Después, el monarca regresó a la terminal a esperar otro avión de la Fuerza Aérea Española que lo llevaría a Madrid. La previsión de llegada a Roma, según esas mismas fuentes vaticanas, era aproximadamente las 23:00 hora local.
El segundo puente aéreo para el séquito
La solución del Falcon resolvió el traslado del jefe de la Iglesia católica, pero no el del resto del pasaje. Los ochenta periodistas acreditados, los cardenales y el equipo de seguridad permanecieron en tierra a la espera de un avión fletado por la propia Iberia que tuvo que desplazarse sin pasaje desde Madrid. Según los datos facilitados por la aerolínea, aquel refuerzo llegó a Tenerife sobre las 20:40, es decir, más de cinco horas después del horario original. Partieron hacia Roma entrada la noche, un contratiempo que puso a prueba la logística de la Santa Sede y de los medios internacionales.
Los Rodeos, un aeropuerto con historia de vientos y gestas
El incidente reavivó la memoria de quienes conocen Tenerife Norte. Situado en el municipio de San Cristóbal de La Laguna, este aeródromo –que opera casi en exclusiva vuelos interinsulares y algunos nacionales– arrastra una leyenda negra desde el accidente de 1977, el peor de la historia de la aviación. Aunque aquel siniestro nada tiene que ver con el presente, la singularidad meteorológica de la zona nunca ha dejado de ser un reto para pilotos y controladores. Los vientos alisios, canalizados entre el Teide y la cordillera de Anaga, generan turbulencias y corrientes que obligan a revisar constantemente las maniobras de despegue y aterrizaje. Precisamente por ello, la plataforma de mantenimiento de Iberia en el aeropuerto está habituada a actuar con rapidez, aunque esta vez la complejidad del fallo superó la capacidad de respuesta inmediata.
¿Por qué Tenerife? La isla elegida por el Papa
Más allá del incidente, la visita relámpago de León XIV a Tenerife volvió a situar a las Islas Canarias en el foco mundial. Conviene recordar que el archipiélago, formado por siete islas principales —Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro—, es uno de los destinos turísticos más consolidados de Europa. El debate sobre cuál es la más bonita resulta tan apasionado como estéril: para los amantes del contraste, Tenerife ofrece playas, bosques de laurisilva y el pico más alto de España; Gran Canaria seduce con sus dunas de Maspalomas y su vida urbana en Las Palmas; Fuerteventura hipnotiza con arenales infinitos y un mar turquesa, mientras Lanzarote despliega un paisaje casi marciano modelado por el artista César Manrique.
La elección papal, sin embargo, no obedeció solo a la belleza escénica. La misa del Puerto de Santa Cruz quiso ser un guiño a las comunidades periféricas y a la realidad migratoria que vive Canarias, un asunto sobre el que el pontífice se había pronunciado ya en otras escalas del viaje. Y aunque la pregunta «¿Fuerteventura o Gran Canaria?» seguirá coleando en foros de viajeros, la jornada del 12 de junio dejó claro que, cuando se trata de mover a un jefe de Estado, la infraestructura y la seguridad mandan sobre cualquier postal.
¿Y ahora qué? El legado inmediato de la visita
Una vez restablecida la normalidad en Los Rodeos, la atención se desplaza a los efectos que la estancia del papa puede tener en el turismo y la economía insular. Los grandes eventos religiosos suelen dejar una huella mediática duradera, y más cuando se ven salpicados por un imprevisto que acapara titulares. Las oficinas de promoción turística del Cabildo de Tenerife confían en que las imágenes de la multitudinaria misa y la presencia del rey actúen como un escaparate difícil de emular. Para quienes planean un viaje, esta guía de qué ver en Tenerife puede ayudar a descubrir los rincones que hicieron de la isla el cierre perfecto para una visita histórica.
Mientras, la lección aeronáutica queda grabada: un simple cambio en la dirección del viento bastó para desencadenar un dispositivo que implicó a dos aeronaves, al Ejército del Aire, a la Casa del Rey y a los equipos de dos aerolíneas. El papa León XIV aterrizó en Roma pasadas las once de la noche, y horas después la cuenta de Twitter de la Santa Sede agradecía «la hospitalidad española» sin hacer mención expresa al contratiempo. Felipe VI, por su parte, regresó a Madrid en la madrugada. Y el Airbus 320 Parque Nacional Picos de Europa quedó en el hangar, a la espera de una revisión que ya nadie podrá calificar de rutinaria.
