Tenerife entierra el parque submarino de Punta Blanca: el greenwashing no pasa
El Cabildo de Tenerife ha echado por tierra el ambicioso proyecto Underwater Gardens, concebido como el primer parque regenerativo anfibio de Europa en la costa de Punta Blanca. La decisión, firmada el 17 de junio de 2026 por la presidenta Rosa Dávila, paraliza una iniciativa que, bajo el paraguas de la restauración ecológica, había despertado un intenso rechazo científico y ciudadano. El argumentario oficial subraya la incompatibilidad del complejo con la fragilidad de la Zona Especial de Conservación (ZEC) Teno-Rasca y con el modelo de crecimiento que defiende la isla: no todo vale para generar empleo. La cancelación supone un punto de inflexión en la política territorial canaria y envía un mensaje claro sobre la primacía de la protección del patrimonio natural frente a proyectos que pueden caer en el ecoblanqueo.
En este artículo7
- Un portazo con argumentos: la decisión del Cabildo
- Punta Blanca: un tesoro marino que no admite atajos
- La trastienda del proyecto: regeneración o greenwashing
- La ciencia se planta: más de veinte investigadores contra la farsa ecológica
- Turismo, conservación y el dilema del crecimiento en Tenerife
- ¿Qué isla canaria es más bonita? Un debate que la polémica reaviva
- Qué sigue: el futuro del litoral sur y la vigilancia ciudadana
Un portazo con argumentos: la decisión del Cabildo
En la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno del 17 de junio, la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, fue tajante: «He firmado el decreto por el que se deniega el proyecto Underwater Gardens como proyecto de interés insular». La resolución será elevada al pleno insular el próximo viernes para su ratificación definitiva. Con esta firma, el Cabildo pone fin a un largo proceso de controversia sobre el futuro de un enclave único en el litoral tinerfeño.
Los motivos aducidos por la máxima responsable insular ahondan en la colisión entre el proyecto y los valores ambientales que el Cabildo se ha comprometido a defender. «Esta decisión es una decisión a favor de Tenerife, de nuestro litoral, de la protección de nuestro patrimonio natural y del modelo que entendemos nosotros sobre el desarrollo de nuestra isla», argumentó Dávila. Y añadió un matiz clave: la sostenibilidad «no puede ser un argumento publicitario, sino que tiene que tener un criterio real para la toma de decisiones». La frase da en el centro del debate que ha rodeado a Underwater Gardens desde su gestación.
Punta Blanca: un tesoro marino que no admite atajos
El proyecto se ubicaba en Punta Blanca, dentro de la franja marina comprendida entre la Punta de Teno y la Punta de Rasca, una zona que goza de la máxima protección europea como Zona Especial de Conservación de la Red Natura 2000. Los fondos de esta extensión albergan sebadales —praderas de fanerógamas marinas— de vital importancia para el ecosistema, que actúan como criadero de especies pesqueras y sumidero de carbono. Además, el litoral rocoso y los acantilados costeros refugian flora endémica y constituyen un paisaje de excepcional belleza, con aguas de notable transparencia.
La presidenta insular subrayó que este espacio «no se puede ni sustituir ni imitar». La alteración que implicaría el parque regenerativo —con sus estructuras sumergidas, visitantes y actividad comercial— comprometería irreversiblemente el equilibrio de uno de los tramos costeros mejor conservados de Canarias. La ZEC Teno-Rasca, con sus 74.000 hectáreas marinas, es también corredor de cetáceos y ruta migratoria de aves marinas; un valor añadido que la administración insular se ha propuesto preservar sin excepciones.
La trastienda del proyecto: regeneración o greenwashing
Underwater Gardens se presentaba como un espacio de regeneración ecológica y divulgación, con jardinería submarina y experiencias inmersivas para los visitantes. La empresa promotora, liderada por Marc García-Durán Huet, defendía que la intervención restauraría los fondos degradados y crearía un referente internacional de turismo azul. Sin embargo, los críticos lo tildaban de «parque temático» desde el primer momento. La línea más repetida en los círculos conservacionistas era que, bajo el relato de la recuperación ambiental, se ocultaba un modelo de negocio que lucraría con un entorno protegido.
El pasado mes de mayo, una coalición de más de veinte investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL), la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) emitió un manifiesto demoledor. En él denunciaban la «falta de rigor técnico» del proyecto y advertían de que se trataba de «extractivismo con mejor imagen». El documento puso sobre la mesa el término ecoblanqueo —o greenwashing, en su acepción inglesa— para describir la estrategia de vestir de verde una operación que, en realidad, incrementaría la presión antrópica sobre un espacio hipersensible.
La ciencia se planta: más de veinte investigadores contra la farsa ecológica
El manifiesto científico, firmado por expertos en biología marina, geología, ecología y derecho ambiental de las dos universidades canarias y del CSIC, constituyó un punto de inflexión en el debate público. Los investigadores señalaron, entre otras carencias, la ausencia de estudios de impacto ambiental independientes, la superficialidad de los planes de restauración propuestos y la excesiva dependencia del proyecto de la atracción turística masiva para su viabilidad económica.
«No se puede llamar regenerativo a lo que introduce más visitantes, más ruido submarino y más infraestructura en un lugar que precisamente necesita tranquilidad para recuperarse», expresó uno de los portavoces del grupo en una comparecencia ante los medios. La contundencia de la comunidad investigadora, poco acostumbrada en Canarias a un activismo tan vocal, logró trasladar el caso al debate político y forzó al Cabildo a posicionarse sin ambages.
Turismo, conservación y el dilema del crecimiento en Tenerife
La cancelación de Underwater Gardens se produce en un contexto de creciente tensión entre el afán inversor y la preservación del territorio en las islas. Tenerife, que recibe anualmente más de cinco millones de turistas, arrastra un debate no resuelto sobre su modelo de desarrollo. Mientras algunos sectores abogan por la construcción de más infraestructuras de ocio para captar visitantes de alto poder adquisitivo, otros insisten en que la verdadera competitividad de la isla reside en la calidad de su paisaje y en la autenticidad de su naturaleza.
Rosa Dávila hizo suya esta última tesis en su comparecencia: «Queremos empleo, inversión, innovación y actividad económica, pero con proyectos compatibles con la protección de nuestro territorio. Coherentes con el modelo de desarrollo de Tenerife, la Tenerife que defendemos». No se trata, matizó, de cerrar las puertas al progreso, sino de exigir que los proyectos sean sensibles al entorno. «Durante años hemos hablado de cambiar el modelo asumiendo que no todo vale y que el crecimiento debe ser compatible», recordó.
El precedente que sienta esta resolución es relevante. En el pasado reciente, otras iniciativas como complejos hoteleros en suelo rústico o ampliaciones portuarias han generado agrias polémicas, pero pocas habían sido cortadas de raíz por la vía política con tanta claridad argumental. El decreto de Dávila abre una puerta a un estándar más riguroso para futuros proyectos, especialmente aquellos que intenten apropiarse del discurso verde sin un respaldo científico sólido.
¿Qué isla canaria es más bonita? Un debate que la polémica reaviva
La controversia en torno a Punta Blanca ha vuelto a encender entre residentes y visitantes la eterna pregunta: ¿cuál es la isla más bonita para visitar en Canarias? Aunque no existe una respuesta objetiva, la decisión del Cabildo tinerfeño de blindar un espacio tan emblemático refuerza el atractivo de Tenerife para quienes buscan naturaleza auténtica y entornos protegidos. Quien consulte qué ver en Tenerife encontrará desde los paisajes volcánicos del Parque Nacional del Teide hasta los bosques de laurisilva de Anaga, pasando por la espectacular costa de Los Gigantes. La isla ofrece una diversidad que pocos destinos pueden igualar.
Pero el archipiélago es una constelación de islas, cada una con su personalidad. Lanzarote, por ejemplo, deslumbra con su paisaje lunar y la integración del arte de César Manrique; Gran Canaria combina dunas, barrancos y una vibrante vida urbana; Fuerteventura seduce con sus playas infinitas y aguas turquesas. La Palma, verde y estrellada; La Gomera, silenciosa y mística; El Hierro, pionera en sostenibilidad. En este abanico, Tenerife se reivindica con una combinación única: altura, mar, cultura y, a partir de ahora, una voluntad política expresa de no mercadear con su patrimonio natural.
Para quienes se preguntan cuáles de las siete islas son las mejores para visitar, la respuesta depende del viajero. Una semana en el archipiélago puede incluir varios destinos gracias a las buenas conexiones. Precisamente, una de las búsquedas más frecuentes es cómo desplazarse entre las islas. Las opciones son variadas: vuelos interinsulares de apenas 30 minutos, operados por Binter y Canaryfly, y ferris rápidos de compañías como Fred. Olsen y Naviera Armas que enlazan los puertos principales. Es recomendable, eso sí, consultar el tiempo en Tenerife y en el resto del archipiélago, porque la calima en Tenerife —y en general en las islas orientales— puede alterar los horarios y complicar la visibilidad para la navegación.
Qué sigue: el futuro del litoral sur y la vigilancia ciudadana
La denegación del proyecto como interés insular no cierra todas las puertas jurídicas al promotor, que podría recurrir o intentar adaptar su propuesta. Sin embargo, el mensaje institucional y la presión científica hacen muy improbable que Underwater Gardens resurja en los mismos términos. La empresa, que ha trabajado años en este concepto, guarda silencio por el momento, aunque su director de comunicación, Jordi Van Oostenryck, había defendido en comparecencias pasadas que «antes que hacer un hotel, es mejor un parque regenerativo».
Lo cierto es que el litoral sur de Tenerife acumula ya suficientes tensiones urbanísticas y ambientales sin sumar un nuevo polo de atracción. La apuesta del Cabildo por la conservación deberá ir acompañada de medidas que compensen el empleo y la inversión que el proyecto prometía. Dávila ha insistido en que la isla sigue abierta a la innovación y la generación de riqueza, siempre que se ajuste a los valores que la hacen única.
Los científicos, por su parte, confían en que este caso sirva de ejemplo para otras administraciones y para los inversores. «La naturaleza no es un decorado para montar espectáculos», resume un investigador de la ULL. La ZEC Teno-Rasca seguirá siendo un laboratorio vivo de biodiversidad marina y un recordatorio de que, en materia de sostenibilidad, las palabras deben ir seguidas de hechos.
Tenerife ha enterrado un proyecto que pretendía sumergir sus atractivos en un parque temático. La isla se aferra a su litoral como seña de identidad y deja claro que el greenwashing ya no tiene pase en sus costas.
