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Icod de los Vinos (Tenerife): guía del Drago y el casco histórico
Icod de los Vinos es una villa colonial del norte de Tenerife, célebre por su Drago Milenario, pero que merece la visita por mucho más: un casco histórico de los siglos XVI al XVIII con la iglesia de San Marcos, plazas empedradas, la tradición vinatera de la malvasía, la Cueva del Viento —el mayor tubo volcánico de Europa— y la Playa de San Marcos, todo a los pies del Teide.
Un pueblo vinatero a los pies del Teide
Icod de los Vinos se asienta en la vertiente noroeste de Tenerife, a unos 233 metros sobre el mar, en un balcón natural con una de las panorámicas más limpias del Teide que existen en la isla. El topónimo lo dice todo: el primer nombre, Icod, procede del menceyato guanche que ocupaba estas tierras antes de la conquista; el apellido de los Vinos se le añadió en el siglo XVI, cuando sus caldos de malvasía se cotizaban en las cortes europeas como de los mejores del mundo. Esa doble herencia, aborigen y colonial, sigue marcando el carácter del lugar. Más allá del célebre Drago Milenario —su icono y monumento nacional desde 1917, con página propia—, lo que distingue a Icod es el conjunto: un casco antiguo declarado Bien de Interés Cultural, calles empinadas que bajan hacia el mar entre casonas de tea y balcones canarios, y un entorno que combina volcán, viñedo y costa. Es un destino para recorrer sin prisa, perderse entre plazas y entrar en bodegas y museos donde la malvasía sigue muy viva. A diferencia de los enclaves turísticos del sur, aquí se respira el norte verde y húmedo de Tenerife, con la vida de un pueblo real que no se ha vaciado para el visitante.
El casco histórico: San Marcos, plazas y casonas
El corazón de Icod es su casco antiguo, un conjunto de los siglos XVI al XVIII que invita a callejear. La pieza mayor es la iglesia matriz de San Marcos, levantada hacia comienzos del siglo XVI: fachada blanca rematada por un campanario, portada de aire manierista y un interior que guarda artesonados mudéjares, un retablo barroco y piezas de arte sacro de gran valor, entre ellas una cruz de plata filigranada y obra de procedencia colonial americana. Frente al templo se abren las plazas que articulan el centro —la plaza de la Pila y la de Andrés de Lorenzo Cáceres—, con sus laureles de Indias, fuentes y bancos desde los que se observa la vida del pueblo. A pocos pasos quedan el antiguo convento de San Francisco y su iglesia, la iglesia de San Agustín, ermitas como la de las Angustias y la de San Antonio, y casas señoriales como la Casa de los Cáceres, todas testimonio del esplendor que dio el comercio del vino. Conviene asomarse también a la Casa-Museo de Emeterio Gutiérrez Albelo y a los rincones de la calle El Calvario. Todo el conjunto se recorre a pie en una mañana, pero el placer está en detenerse: en un patio, en una bodega de barrio, en un mirador improvisado sobre el valle.
La Cueva del Viento: el mayor tubo volcánico de Europa
A las afueras del casco, en el barrio de Los Piquetes, está una de las grandes joyas geológicas de Canarias: la Cueva del Viento, el mayor tubo volcánico de Europa y uno de los más extensos del mundo, con más de 18 kilómetros de galerías cartografiadas formadas por las coladas del volcán Pico Viejo hace decenas de miles de años. La visita es guiada y arranca en el Centro de Visitantes con una introducción y un breve trayecto en vehículo de la organización hasta la boca de la cueva. El recorrido dura unas dos horas y media, es de dificultad media y se hace en grupos reducidos —un máximo de quince personas—, lo que obliga a reservar y comprar la entrada online con antelación, porque las plazas vuelan, sobre todo en verano. Dentro, la temperatura ronda los 14 grados y la humedad es alta, así que se entra con pantalón largo, algo de abrigo y calzado deportivo cerrado o botas; la organización facilita casco con luz. No pueden entrar menores de cinco años y no se recomienda a personas con claustrofobia o movilidad reducida. A cambio, se camina por un paisaje subterráneo de lavas, estalactitas de roca y formaciones únicas que casi nadie espera encontrar en una isla pequeña.
La malvasía y la mesa: bodegas, museos y mojo
El vino no es un adorno en Icod: es su razón de ser histórica. Durante los siglos XVI y XVII, la malvasía icodense viajaba en barricas a media Europa y aparecía citada hasta en la literatura inglesa de la época. Esa tradición sigue viva en bodegas familiares y en los espacios dedicados al vino del casco, donde se pueden catar caldos locales —malvasía aromática, listán negro y blanco— acompañados de mojo, pan y quesos del norte. La gastronomía de la zona es la canaria de toda la vida, sin artificio: papas arrugadas, carne de cabra, pescado fresco de la costa y postres como el frangollo o los dulces de almendra. Vale la pena reservar tiempo para sentarse en una guachinche o en un restaurante del centro y dejar que el camarero recomiende. El otro reclamo dulce y casi de feria es la Casa del Drago y sus alrededores, donde conviven puestos de productos locales, miel de palma, gofio y artesanía. Comprar una botella de malvasía directamente al productor es, además de un recuerdo honesto, la mejor manera de entender por qué este pueblo lleva el vino en el apellido. Aquí el plan no es solo mirar: es probar.
Playa de San Marcos y la costa
Icod no es solo casco y montaña: baja también hasta el mar. Su frente costero es San Marcos, un núcleo marinero a pocos minutos en coche del centro, articulado en torno a una pequeña bahía recogida con una playa de arena negra y aguas habitualmente más tranquilas que las del Atlántico abierto, gracias a la forma de cala que la protege. Es una playa familiar, con paseo, restaurantes de pescado y un ambiente local que se anima en verano y en fiestas. Desde el muelle salen embarcaciones de recreo y es punto de partida de quienes buscan baño, snorkel suave o simplemente una puesta de sol frente al agua tras la jornada de visita. Conviene tener presente que el norte de Tenerife tiene mar de fondo y la mar puede cambiar; respetar las banderas y los avisos del socorrista es básico. Muy cerca, la costa de Icod enlaza con uno de los tramos más bellos del litoral norte, en dirección a Garachico y San Juan de la Rambla, ideal para una ruta de pueblos costeros. Combinar mañana de casco histórico o Cueva del Viento con tarde de playa en San Marcos es, probablemente, el mejor modo de exprimir un día completo en el municipio.
Cómo llegar y moverse
Icod de los Vinos está en el noroeste de la isla, bien comunicado por la autopista del norte (TF-5), que enlaza Santa Cruz y La Laguna con el valle de La Orotava y termina dando paso a las carreteras del noroeste hacia Icod, Garachico y Buenavista. En coche, desde Santa Cruz o el aeropuerto del norte (Tenerife Norte) se llega en algo menos de una hora; desde Puerto de la Cruz, en torno a media hora. Es la opción más cómoda para encadenar el casco, la Cueva del Viento y la Playa de San Marcos, aunque conviene saber que el centro es de calles estrechas y empinadas: lo práctico es aparcar en las zonas habilitadas y caminar. En transporte público, las guaguas de TITSA conectan Icod con Puerto de la Cruz y con la línea costera del noroeste hacia Garachico y Buenavista, y con Santa Cruz a través de las líneas que pasan por La Orotava; la estación de guaguas está en pleno municipio. Para la costa de San Marcos hay enlace local desde el centro. Si el plan incluye la Cueva del Viento, hay que reservar antes y calcular el desplazamiento hasta el Centro de Visitantes, algo apartado del casco. Una jornada da para mucho, pero quien quiera sumar Garachico y el litoral norte hará bien en madrugar.
Dudas frecuentes
Preguntas sobre Icod de los Vinos
¿Qué ver en Icod de los Vinos además del drago?
El casco histórico (siglos XVI-XVIII) con la iglesia de San Marcos, las plazas de la Pila y de Andrés de Lorenzo Cáceres, el convento de San Francisco y casonas señoriales; la Cueva del Viento, el mayor tubo volcánico de Europa; las bodegas y catas de malvasía; y la Playa de San Marcos, en la costa del municipio.
¿Cómo se llega a Icod de los Vinos?
Por la autopista del norte (TF-5) y las carreteras del noroeste. En coche, desde Santa Cruz o el aeropuerto Tenerife Norte se tarda algo menos de una hora, y desde Puerto de la Cruz unos 30 minutos. En transporte público, las guaguas de TITSA conectan Icod con Puerto de la Cruz, Garachico, Buenavista y Santa Cruz vía La Orotava.
¿Cuánto tiempo hace falta para visitar Icod?
El casco histórico se recorre a pie en una mañana. Si se suma la Cueva del Viento (unas 2 horas y media de visita guiada) y una tarde en la Playa de San Marcos, conviene reservar un día completo. Para encadenar también Garachico y el litoral norte, mejor madrugar.
¿Hay que reservar para entrar en la Cueva del Viento?
Sí. La visita es guiada, dura unas 2 horas y media, es de dificultad media y se hace en grupos de máximo 15 personas, por lo que hay que reservar y comprar la entrada online con antelación. No pueden entrar menores de 5 años y no se recomienda a personas con claustrofobia o movilidad reducida.
¿Qué hay que llevar para la Cueva del Viento?
Pantalón largo, algo de abrigo y calzado deportivo cerrado o botas de senderismo, porque dentro la temperatura ronda los 14 grados y la humedad es alta. El casco con luz lo facilita la organización. No se permiten mochilas ni bolsos; sí riñonera, cámara y móvil.
¿Cuál es la mejor época para visitar Icod de los Vinos?
El norte de Tenerife tiene un clima suave todo el año, así que cualquier mes es buen momento. La primavera y el otoño ofrecen temperaturas agradables y menos gente. Si interesa el ambiente festivo, las fiestas de San Marcos se celebran a finales de abril. En verano conviene reservar la Cueva del Viento con más antelación.
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