La montera de casco cónico rematada en borlas y la pierna al aire: el traje canario que más se reconoce de lejos.
El traje tradicional de Gran Canaria es la vestimenta campesina que se saca en romerías y fiestas; a quien lo viste se le llama popularmente mago (hombre) y maga (mujer). Su sello es la montera de casco cónico rematada en borlas del hombre y el hecho de que el traje documentado de la isla no cubre la pierna con polainas, a diferencia del resto de Canarias. Conviven dos lecturas: la indumentaria histórica que reconstruye la etnografía y la versión que el pintor Néstor Martín Fernández de la Torre presentó en 1934 para representar oficialmente a la isla.

En Canarias, mago no es un insulto sino una seña de identidad: nombra al hombre del campo, al que está ligado a la tierra y al trabajo agrícola. De ahí que al traje campesino que se saca en romerías y fiestas se le llame coloquialmente traje de mago (hombre) y de maga (mujer). En Gran Canaria ese traje tiene una doble vida. Por un lado, la indumentaria histórica que la etnografía reconstruye a partir de la ropa que se vestía en la isla entre los siglos XVIII y XIX. Por otro, el conjunto que el pintor Néstor Martín Fernández de la Torre presentó el 21 de diciembre de 1934 en el Teatro Pérez Galdós, dentro de su campaña del Tipismo, para dar a la isla una imagen propia, colorida y exportable al turismo. Aquel diseño levantó polémica entre quienes lo veían como una invención teatral alejada de cómo vestían de verdad los campesinos; aun así, ambos conviven hoy como símbolo de pertenencia insular.
El traje del hombre se reconoce de lejos por la montera de casco cónico adornada con borlas, que puede ir erguida o con el cono caído y va forrada por dentro con telas de colores en contraste. Lo acompañan la camisa de lino, el chaleco oscuro, el calzón y la faja o fajín a la cintura, esta última a menudo en rojo; los calzoncillos de lino, muy anchos y cortos, se conocían como nagüetas, y como abrigo se usaban prendas como la camisuela o el capote marsellés. En la mujer dominan el blanco y el rojo de la versión más difundida: falda de listas, delantal bordado, justillo ceñido a modo de corsé, blusa y enaguas, rematados con un sombrero de fieltro más pequeño que el del hombre y la mantilla, que en el siglo XIX quedó simplificada en blanco o negro. Ese sombrero femenino, en Gran Canaria, recibe también el nombre popular de cachorro.
El escenario natural del traje son las romerías, esas fiestas que mezclan devoción, folclore y vida rural con carretas engalanadas, productos de la tierra y música tradicional. La gran cita es la Romería-Ofrenda a la Virgen del Pino en Teror, que se celebra el 7 de septiembre, víspera del Día del Pino, cuando las carretas de los municipios de la isla y la del Cabildo desfilan hacia la basílica. A ella se suman las romerías de San Mateo, San Bartolomé de Tirajana, Santiago de los Caballeros en Gáldar, San Lorenzo o las de Agüimes, entre muchas otras. Y por encima de todas en alcance, el Día de Canarias, el 30 de mayo, que llena de magos y magas calles, colegios y plazas de toda la isla.
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