Se reconoce por la montera de embozar rematada con una gran escarapela de cintas rojas y por la toca semicircular de lienzo fino de la maga.
El traje típico de Lanzarote es la indumentaria del campesino canario —el mago y la maga— de una isla seca y de viento. En el hombre destaca la montera de embozar de paño azul, con visera bordada y una llamativa escarapela de cintas rojas sobre el casco cónico; en la mujer, la toca semicircular de lienzo fino, coronada por un sombrero de copa ovalada y vuelos planos. Comparte raíz con el traje majorero de Fuerteventura, isla vecina de clima y oficios parecidos.

En Lanzarote el traje tradicional no es un disfraz, sino la ropa de una isla agrícola y ventosa que el folclore convirtió en seña de identidad. Quien lo viste se identifica como mago o maga, el campesino y la campesina canarios, un apelativo que en las islas nombra al mundo rural y, por extensión, a su indumentaria. Lo conejero se reconoce sobre todo por el tocado: como insisten los estudiosos de la isla, sin el sombrero o la montera correctos uno va vestido de cualquier cosa menos de forma tradicional. Esa misma sobriedad de tierra seca emparenta el atuendo con el de la vecina Fuerteventura, con la que Lanzarote comparte clima, oficios y muchos rasgos de su ropa.
El traje de hombre se arma sobre el calzón y la camisa blanca de algodón o lino, con chaleco o chaquetilla de paño azul, faja o ceñidor de lana —azul, rojo o blanco— a la cintura y polainas negras de lana sujetas con ligas bajo la rodilla, rematadas por los zapatos majos de piel. La pieza más característica de la isla es la montera de embozar de paño azul grueso, con la visera bordada en amarillo, verde y rojo y una gran escarapela —rosetón— de cintas rojas sobre el casco cónico; en los trajes de gala aparecen también largos abrigos azul marino abotonados por delante. La maga viste falda listada de lana y justillo ajustado sobre camisa de manga larga, con delantal de adorno; su tocado es la fina toca semicircular de lienzo, sobre la que se asienta un sombrero de copa ovalada y vuelos planos. Para el campo se conservan dos sombreros de palma: el troncocónico de ala grande, de casada, y la capota o gorra de tela con visera y volante tableado, de soltera.
El traje conejero se ve en su salsa en las grandes romerías de la isla, sobre todo en la Romería de Los Dolores, la de más arraigo de Lanzarote, que llena Mancha Blanca (Tinajo) el sábado previo al 15 de septiembre en honor a la Virgen de los Dolores —la Virgen de los Volcanes—, entre carretas, timples y guitarras. También saca a magos y magas en las Fiestas de San Ginés de Arrecife, hacia el 25 de agosto, donde desfila la Parranda Marinera de los Buches con su tradición de raíz pesquera. Y cada 30 de mayo, Día de Canarias, vuelve a las calles de toda la isla de la mano de las agrupaciones folclóricas que, desde mediados del siglo XX, fijaron y popularizaron el traje que hoy se tiene por típico, partiendo de la ropa real de los siglos XVIII y XIX.
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