Vinos casi secretos en torno a una uva que apenas crece fuera de la isla, la forastera, cultivada a mano en bancales imposibles.
El Vino de La Gomera (DOP La Gomera, reconocida en 2003) es viticultura heroica en estado puro: viñedos en bancales de piedra sobre laderas tan abruptas que se trabajan a mano. Su seña es la forastera blanca, una variedad casi exclusiva de la isla —donde se la llama forastera gomera— que copa cerca del 85% del viñedo y marca el carácter de unos blancos frescos, aromáticos y de acidez viva. La producción es pequeña y muy local; el tinto, con listán negro y negramoll, es minoritario.

La Gomera es viticultura heroica sin matices: la orografía abrupta, de lomos, laderas y barrancos radiales, obligó al agricultor gomero a levantar pequeños bancales con muretes de piedra sobre pendientes donde la maquinaria no entra. Se vendimia a mano, planta a planta, con sistemas de conducción tradicionales —de pie bajo, en vaso o en parral— adaptados a un relieve de los más quebrados del mundo. La denominación reúne algo más de un centenar de hectáreas inscritas, repartidas entre un par de centenares de viticultores y una quincena de bodegas casi siempre familiares, con sede del consejo regulador en Vallehermoso. Es una de las DOP más pequeñas y desconocidas de Canarias, y ahí reside parte de su encanto: vinos que rara vez salen de la isla.
La gran protagonista es la forastera blanca, conocida en la isla como forastera gomera, una variedad prácticamente exclusiva de La Gomera que ocupa cerca del 85% de la superficie. De genética singular y muy adaptada al suelo y al clima insular, aporta intensidad aromática y una acidez viva que define el perfil de la denominación. La acompañan otras blancas como listán blanco, malvasía o marmajuelo, y en los tintos —minoritarios— mandan el listán negro y la negramoll, con presencia de tintilla y castellana negra. La elaboración es de corte artesanal, con cosechas cortas y mucho oficio detrás de cada botella.
En copa, los blancos de forastera se muestran límpidos y brillantes, de tonos que van del amarillo verdoso al ambarino, con aromas frescos de manzana, melón y fruta tropical sobre un fondo afrutado, y en boca resultan equilibrados y frescos por su acidez, con postgusto persistente. Es un vino que pide la mesa gomera: marida de maravilla con el queso de La Gomera y con el almogrote, ese paté de queso curado, pimienta, tomate y aceite que es bandera de la isla. Funciona también con pescado fresco, con papas arrugadas y mojo, y entra en diálogo con el gofio y con el dulzor tostado de la miel de palma. Beberlo allí, entre bancales y al amparo del Garajonay, es la mejor forma de entenderlo.
Instala Canarias.app
Tiempo, gasolineras, farmacias de guardia y planes de Canarias a un toque.
En Safari: Compartir → Añadir a pantalla de inicio.
Te avisamos de los planes de tu isla.
¡Listo! Te avisaremos de los planes de tu isla. 💛