Dos faros frente a frente en el punto más al sur de La Palma, donde la lava del Teneguía se detuvo a 200 metros y el sol se hunde sobre un mar de salinas blancas

El paraje es de los más singulares de Canarias: dos faros enfrentados sobre una lengua de tierra negra que avanza hacia el Atlántico, con las Salinas de Fuencaliente extendiéndose como un tablero de balsas blancas y rosadas a sus pies. Es el punto más meridional de La Palma, donde la isla se deshace en malpaís volcánico y el mar bate sin obstáculos. Al atardecer la luz cae a plomo sobre las salinas y enciende el horizonte; pocos sitios de la isla regalan una puesta de sol tan limpia, sin montaña que la corte.
La historia geológica está escrita en el suelo. Durante la erupción del Teneguía, en 1971, la lava bajó hasta detenerse a apenas 200 metros del faro y de las salinas, rodeando el conjunto sin llegar a engullirlo. Aquellos temblores, sumados al terremoto de 1939 y a los movimientos sísmicos previos a la erupción del San Juan en 1949, fueron castigando la torre vieja, levantada en sillería basáltica traída por mar desde las canteras de Arucas, en Gran Canaria. Esa fragilidad acabó motivando la construcción del faro nuevo a su lado.
El faro viejo, recuperado en 2006, alberga hoy el Centro de Interpretación de la Reserva Marina de la isla de La Palma, con paneles y escenografías sobre el fondo marino protegido que se extiende frente a la costa. La torre nueva, cilíndrica blanca con bandas rojas, sigue en activo: su luz alcanza unas 14 millas náuticas y funciona con energía solar. Llegar es cómodo, con aparcamiento al pie, lo que convierte el lugar en parada obligada del sur palmero.
Comienzan las obras del primer faro de Fuencaliente con sillería basáltica transportada por barco desde las canteras de Arucas, en Gran Canaria, y desembarcada en el cercano Puerto Nuevo.
Concluida la fábrica años antes, el faro viejo se enciende por fin y empieza a señalizar la punta sur de La Palma, uno de los extremos más delicados para la navegación de la isla.
El terremoto de 1939, los movimientos previos a la erupción del San Juan (1949) y, sobre todo, el Teneguía (1971) —cuya lava se detuvo a unos 200 metros— dañan gravemente la estructura, que acaba abandonándose.
Ante el deterioro de la torre histórica se construye a su lado una torre cilíndrica normalizada de algo más de 24 metros, dotada de sistema fotovoltaico.
La nueva torre rojiblanca entra en servicio y asume la señalización marítima, hoy automatizada por telecontrol y alimentada con energía solar.
El 29 de junio el faro viejo, rehabilitado, abre como Centro de Interpretación de la Reserva Marina de la isla de La Palma, dedicado a divulgar la conservación del fondo marino protegido.
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