El último faro del oeste de Tenerife, plantado sobre el acantilado donde el sol se hunde en el Atlántico frente a Los Gigantes.

La Punta de Teno es tierra de fin del mundo: una lengua de lava negra que se adentra en el Atlántico donde la isla se acaba de golpe. El faro corona ese último estribo rocoso, con el mar batiendo los acantilados a sus pies y, al sur, el muro vertical de los Acantilados de Los Gigantes cayendo a plomo sobre el agua. Es uno de los pocos lugares de Tenerife donde el paisaje no admite construcción ni horizonte urbano: solo roca, océano y luz.
La torre actual, de hormigón armado pintado a franjas blancas y rojas, se levantó en 1978 sobre la herencia del faro decimonónico original de cantería. Mide veinte metros y eleva su foco a unos sesenta sobre el nivel del mar, con un alcance de 18 millas náuticas que la convierte en la única referencia luminosa del extremo más occidental de la isla. No se puede subir al interior, reservado a los técnicos, pero su silueta a contraluz es una de las postales más buscadas del norte de Tenerife.
El momento es el atardecer. Por su orientación abierta al oeste, sin nada que tape el horizonte, la Punta de Teno se llena cada tarde de quienes vienen a ver el sol esconderse junto a la torre. El acceso por carretera está regulado para filtrar la afluencia, lo que regala una calma rara en la isla. Es un sitio para ir despacio, con tiempo, y dejar que la luz haga el resto.
El Plan de Reforma del Alumbrado Marítimo de las islas Canarias ordena construir nuevos faros y sitúa entre ellos el de la Punta de Teno, en el vértice noroeste de Tenerife.
El ingeniero José Sanz Soler firma el proyecto del faro, concebido en piedra de cantería para resistir el clima y el oleaje de un emplazamiento tan expuesto.
Las obras arrancan el 15 de abril de 1891 y concluyen el 15 de marzo de 1893, levantando la torre original de algo más de siete metros sobre el acantilado.
El 7 de octubre de 1897 el faro se enciende por primera vez y empieza a guiar a los barcos por la difícil costa occidental de la isla.
Se levanta la torre actual de hormigón armado, de veinte metros y franjas blancas y rojas, y el faro se automatiza, dejando de necesitar farero permanente.
Alimentado por paneles solares, sigue en servicio como única luz del extremo más occidental de la isla, con un alcance de 18 millas náuticas.
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