El faro más alto de Canarias, encaramado a 249 metros sobre el océano para guiar a uno de los puertos más activos del Atlántico.

A 249 metros sobre el Atlántico, este es el faro más alto de Canarias y el segundo de toda España. Esa cota privilegiada no es un capricho: La Isleta es un macizo volcánico unido a Gran Canaria por un istmo de arena, y desde su cumbre la luz domina por completo la bocana del Puerto de La Luz y de Las Palmas, uno de los grandes centros portuarios del Atlántico. El faro vela tanto el tráfico marítimo como el aéreo: es el único faro aeromarítimo del archipiélago.
Su historia arranca con uno de los grandes nombres de la ingeniería canaria. Juan de León y Castillo, el mismo que firmó el faro de Maspalomas, proyectó aquí una torre de sillería basáltica que entró en servicio el 30 de julio de 1865, con una humilde lámpara de aceite. Siglo y medio de servicio ininterrumpido lo han llevado de la llama a la lámpara de descarga y del farero a la automatización completa en 1999. El edificio, sobrio y macizo, lleva el sello de la cantería volcánica de la isla.
El gran matiz para el viajero es que el faro se encuentra dentro de la base militar General Alemán Ramírez, en una zona de acceso restringido, de modo que no se puede visitar de cerca sin autorización. La buena noticia es que su silueta blanca sobre el cono oscuro de La Isleta se contempla perfectamente desde el paseo de Las Canteras, desde el Confital y desde los senderos del Paisaje Protegido de La Isleta, donde el atardecer sobre el Atlántico es de los más celebrados de la capital.
Arrancan unos trabajos que se prolongan dieciséis meses para levantar la torre de sillería basáltica, con vivienda para el farero, según el proyecto del ingeniero Juan de León y Castillo, autor también del faro de Maspalomas.
El faro entra en servicio con una lámpara de aceite. Es el más antiguo de Gran Canaria y nace para orientar la aproximación al naciente Puerto de La Luz y de Las Palmas.
Se sustituye la lámpara original de aceite por sistemas más potentes, dentro de las sucesivas mejoras que acompañan el crecimiento del tráfico portuario.
El faro se somete a una reforma de calado que incluye la electrificación y el cambio de la linterna. Suma además su función como ayuda a la navegación aérea: es el único faro aeromarítimo de Canarias.
Se instala un radiofaro que refuerza su papel como referencia para la navegación en la aproximación a la capital grancanaria.
El faro queda automatizado y deshabitado. Su luz blanca, con grupo de tres destellos cortos y uno largo cada veinte segundos, alcanza las 21 millas náuticas y sigue guiando barcos y aviones.
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