El faro del fin del mundo de Fuerteventura: veinte kilómetros de pista de tierra hasta el punto donde la isla se acaba

La estampa lo dice todo antes de bajar del coche: una torre cónica blanca de diecinueve metros plantada en una lengua de tierra pelada donde el Atlántico envuelve la isla por tres costados. Estás en la Punta de Jandía, el punto más al sur de Fuerteventura, donde la carretera se acaba y empieza el océano abierto rumbo a África. El foco corona a treinta y tres metros sobre el mar y su luz alcanza veintidós millas náuticas, las mismas que avisaban a los buques que cosían la ruta entre Las Palmas y los puertos de la costa africana.
Llegar es parte del viaje y conviene saberlo: desde Morro Jable salen unos veinte kilómetros de pista de tierra y piedra, sin asfaltar, que bordean la costa suroeste a baja velocidad. El premio es un paisaje de acantilados, barrancos y un caserío pesquero de piedra, el Puertito de la Cruz, donde todavía se sirve caldo de pescado. La luz del atardecer convierte la torre y el llano volcánico en una de las postales más rotundas de la isla, sin urbanización a la vista, solo viento, sal y horizonte.
Detrás de la silueta hay una historia de aislamiento. Lo proyectó el joven ingeniero Juan de León y Castillo dentro del primer plan de alumbrado marítimo canario, y se cuenta entre los faros más inhóspitos del Archipiélago: los torreros vivían casi como ermitaños en una punta sin apenas agua ni vecinos. Hoy funciona de forma automática y la antigua casa del farero acoge el Centro de Interpretación del Parque Natural de Jandía, con sus fondos marinos, cetáceos, geología y fauna del macizo.
El joven ingeniero Juan de León y Castillo proyecta faros en puntos estratégicos del Archipiélago para alumbrar la navegación comercial. La Punta de Jandía, asomada a la ruta hacia los puertos de África Occidental, es uno de los emplazamientos elegidos.
El Faro de Punta de Jandía entra en servicio e inaugura el alumbrado marítimo del sur de Fuerteventura. Guía a los buques entre Las Palmas y la costa africana y baliza una peligrosa baja frente al cabo. Es uno de los faros más antiguos de Canarias.
Considerado uno de los faros más aislados e inhóspitos del Archipiélago. En una punta desértica, con apenas unas chozas de pescadores habitadas unas semanas al año, los torreros llevaban una existencia casi ermitaña al cuidado de la luz.
El avance técnico jubila la guardia manual: un sistema electrónico permite que el faro funcione de forma automática y deja atrás la figura del farero residente.
La antigua casa del farero se reconvierte en centro de interpretación, con exposiciones sobre los fondos marinos, los cetáceos, la geología, la vegetación y la fauna del Parque Natural de Jandía.
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