Bombus canariensis
El único abejorro propio de Canarias, el "abejón de culo blanco" que mantiene en pie a los tajinastes.

Lo reconoce cualquiera que se cruce con él en una vereda de cumbre: un abejorro robusto y rechoncho, completamente aterciopelado y negro, rematado por una ancha banda blanca en la punta del abdomen. De ahí su apodo popular, "abejón de culo blanco". Las hembras lucen ese blanco limpio en los últimos segmentos; los machos añaden algunos pelos amarillentos en el collar y miden en torno a 15-17 milímetros. Su zumbido grave es parte del sonido de las medianías canarias cuando llega el buen tiempo.
Su valor va mucho más allá de lo anecdótico. Es uno de los poquísimos insectos que forman colonias sociales en Canarias —con reina, obreras y machos, a la manera de las abejas— y un polinizador generalista de primer orden, capaz de trabajar a temperaturas más bajas que la abeja melífera. Sostiene a endemismos emblemáticos como los tajinastes (Echium); donde el abejorro canario prospera, prospera buena parte de la flora propia de las islas, y su labor callada es uno de los engranajes que mantienen vivos los ecosistemas de cumbre.
Está estrechamente emparentado con el abejorro común europeo, hasta el punto de que las fuentes oscilan entre tratarlo como especie propia (Bombus canariensis) o como subespecie insular (Bombus terrestris canariensis), ambas atribuidas a Pérez en 1895. Esa cercanía es también su talón de Aquiles: la introducción del abejorro común para polinizar invernaderos lo está desplazando, y sus poblaciones llevan tiempo en retroceso. Proteger al endémico pasa por no soltar al forastero donde aún reina el de casa.
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