Euphorbia canariensis
El candelabro verde que da forma al paisaje árido del archipiélago y reina como símbolo natural de Gran Canaria.

No es un cactus, aunque todo invite a confundirlo. El cardón pertenece a las euforbias y representa uno de los casos más espectaculares de convergencia evolutiva: para sobrevivir a la sequía del piso basal canario desarrolló tallos carnosos, angulosos y espinosos, idénticos en apariencia a los cactus americanos pero sin parentesco con ellos. Sus parientes verdaderos viven lejos del continente americano, una pista de su largo viaje evolutivo hasta las islas.
Su silueta es inconfundible y monumental. Crece en macizos densos en forma de candelabro, con decenas de brazos verticales de sección cuadrangular o pentagonal que pueden alcanzar cuatro metros de altura y cubrir hasta unos ciento cincuenta metros cuadrados. Esa estructura crea sombra y microclima: bajo y entre sus tallos se refugian otras plantas, lagartos, invertebrados y aves, de modo que un solo cardón maduro funciona como un pequeño oasis de vida en la ladera seca.
Es identidad y memoria del archipiélago. Da nombre y carácter al cardonal-tabaibal, el matorral xerófilo que orla las costas de Canarias, y fue declarado símbolo natural de Gran Canaria por la Ley 7/1991. Los antiguos canarios conocían bien su látex tóxico: lo usaban en el envarbascado, vertiéndolo en charcos para aturdir a los peces, y en la medicina popular por sus propiedades vesicantes y purgantes. Por eso aparece incluso en escudos municipales como los de Buenavista del Norte y Santiago del Teide.
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