Gallotia simonyi
El reptil que volvió de entre los muertos: dado por extinto y rescatado del último risco que aún lo escondía.

Con sus hasta 60 centímetros, es uno de los lagartos más grandes de Europa y un superviviente de la fauna gigante que poblaba Canarias antes de la llegada del ser humano. Cabeza ancha —marcada en los machos—, cuerpo robusto y cola larga le dan un aire arcaico, casi de otro tiempo, que justifica el apodo de "dragón" con que lo conoce la gente de la isla. Es omnívoro: alterna brotes, frutos y hojas con insectos, un papel discreto pero valioso en la dispersión de las semillas de la flora herreña.
Su historia es la de una extinción anunciada que no llegó a cumplirse. La actividad humana y los animales introducidos —ratas y, sobre todo, gatos asilvestrados— lo arrinconaron hasta hacerlo desaparecer de la vista. La subespecie del Roque Chico de Salmor (Gallotia simonyi simonyi) se dio por extinguida hacia 1935, tras años de saqueo por coleccionistas. Cuando ya se lo creía perdido, en los años setenta se localizó una población relicta agarrada al Risco de Tibataje, en el paraje de la Fuga de Gorreta; la estirpe que sobrevive es la subespecie Gallotia simonyi machadoi.
Un programa de cría en cautividad ha hecho nacer ejemplares que se devuelven al medio en zonas donde antaño vivió, mientras se controlan los depredadores introducidos. Hoy es un emblema de la conservación canaria y un símbolo de identidad para El Hierro: la prueba de que un endemismo al borde del abismo puede recuperarse con paciencia y trabajo de campo. Verlo es asomarse a un fragmento vivo del Canarias prehumano.
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