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Flora Endemismo canario Tenerife, Gran Canaria, La Gomera, La Palma y El Hierro

Bicácaro

Canarina canariensis

La campanilla colgante del monteverde: flor de fuego y baya dulce, uno de los primeros endemismos que la ciencia reconoció como genuinamente canario.

Bicácaro
Foto: Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0
El bicácaro es una trepadora endémica de Canarias que cuelga sus campanillas anaranjadas en la penumbra del monteverde. Vive entre los 300 y 1.000 metros en cinco islas, sobre todo en Tenerife. Florece en pleno invierno, cuando casi nada lo hace, y da una de las pocas bayas comestibles de la flora autóctona del archipiélago.

En breve

Nombre científico
Canarina canariensis (L.) Vatke
Familia
Campanuláceas (Campanulaceae)
Distribución
Cinco islas: Tenerife, Gran Canaria, La Gomera, La Palma y El Hierro
Hábitat
Monteverde y bosque termófilo, entre 300 y 1.000 m
Conservación
Especie protegida por el Gobierno de Canarias; no amenazada según la UICN
Floración
Campanillas de 3-6 cm de noviembre a mayo

Qué lo hace único

El bicácaro es la rareza que florece a contracorriente. Mientras buena parte de la flora canaria descansa, esta trepadora despliega entre noviembre y mayo unas campanillas de 3 a 6 centímetros, de un naranja encendido veteado de rojo, que cuelgan solitarias en la sombra del bosque de niebla. La planta es herbácea y trepa hasta tres metros apoyándose en helechos y troncos; en verano pierde la parte aérea y rebrota desde un tubérculo subterráneo, una estrategia para sobrevivir a la sequía estival.

Su belleza tiene función. Las flores acampanadas y colgantes son ornitófilas: las polinizan pájaros pequeños del monteverde, currucas y mosquiteros, que se acercan al néctar y trasladan el polen de flor en flor. Es uno de los pocos casos de polinización por aves en la flora europea, una reliquia de un linaje cuyo pariente más cercano vive en las montañas de Etiopía, testimonio de cuando estos bosques eran mucho más extensos.

El vínculo con Canarias es profundo y antiguo. Su baya carnosa, que vira del rojo al negro al madurar y sabe dulce, fue alimento de los antiguos canarios y es, junto al mocán y el madroño, una de las escasas plantas autóctonas del archipiélago con fruto comestible. Linneo lo recogió ya en el siglo XVIII como uno de los primeros endemismos reconocidos como tales, y desde el siglo XVII se cultivaba en jardines europeos: llegó a crecer en Hampton Court antes de 1700.

Dónde verlo

En Tenerife, los senderos del macizo de Anaga y los bosques de Teno son el lugar más fiable: caminos umbríos entre laurisilva donde la planta cuelga de los taludes.
En Gran Canaria, el bosque de Los Tilos de Moya reúne poblaciones notables; también aparece, más escaso, en torno a San Mateo, Santa Brígida y Teror.
La temporada es el invierno y el comienzo de la primavera (de noviembre a mayo), cuando luce sus campanillas naranjas; el resto del año la parte aérea desaparece y rebrota con las lluvias.
Obsérvalo sin tocarlo: es especie protegida. No arranques la planta ni el fruto y no te salgas del sendero para fotografiarlo.

Curiosidades

Lo polinizan pájaros, no insectos: currucas y mosquiteros del monteverde beben su néctar y reparten el polen, un caso raro de polinización por aves en la flora europea.
Su fruto dulce fue alimento de los antiguos canarios y es, junto al mocán y el madroño, una de las poquísimas plantas autóctonas del archipiélago que da baya comestible.
Fue uno de los primeros endemismos canarios reconocidos por la ciencia: se cultivaba en jardines europeos en el siglo XVII y llegó a crecer en Hampton Court, residencia de Guillermo III de Inglaterra, antes de 1700.

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Fuentes: Wikipedia · Imagen: Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0. Revisión editorial de Canarias.app.