Dracaena tamaranae
El drago secreto de Gran Canaria: un pariente del de Icod tan raro que apenas sobrevive medio centenar en riscos imposibles del sur.

Durante décadas se le tomó por el drago común, el mismo de Icod de los Vinos. Hasta que en 1998 tres botánicos canarios -Marrero Rodríguez, Almeida Pérez y González Martín- demostraron que aquellos árboles del sur grancanario eran otra cosa: una especie distinta, de hojas más rígidas y acanaladas, aguzadas hacia la punta y de un tono azulado y ceniciento que delata su identidad. Bautizaron el hallazgo como Dracaena tamaranae, en honor a Tamarán, el nombre aborigen de la isla.
Su biografía es la de un superviviente. Habita los rincones geológicamente más antiguos de Gran Canaria, en paredones de barranco tan verticales que los rebaños nunca llegaron a arrasarlos del todo. Allí, sobre todo entre los 400 y los 900 metros, levanta un porte arbóreo de más de ocho metros, con el tronco plateado y rosetas densas de hojas estrechas. Cada inflorescencia, de hasta un metro, sostiene la promesa de una semilla difícil: la regeneración natural resulta penosa y las cabras y conejos ramonean los brotes jóvenes.
Es, en el fondo, una reliquia. Pertenece a un linaje de dragos que un día se extendió por la cuenca mediterránea y la Macaronesia, y que hoy persiste repartido entre las islas y el este de África. Perder este drago no sería perder un árbol más: sería borrar una rama entera del árbol de la vida, sin equivalente en ningún otro lugar del planeta. De ahí que su conservación se haya convertido en una de las grandes causas botánicas del archipiélago.
Instala Canarias.app
Tiempo, gasolineras, farmacias de guardia y planes de Canarias a un toque.
En Safari: Compartir → Añadir a pantalla de inicio.
Te avisamos de los planes de tu isla.
¡Listo! Te avisaremos de los planes de tu isla. 💛