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Drago de Gran Canaria

Dracaena tamaranae

El drago secreto de Gran Canaria: un pariente del de Icod tan raro que apenas sobrevive medio centenar en riscos imposibles del sur.

Drago de Gran Canaria
Foto: Misolonax · CC BY-SA 4.0
El drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae) es un árbol endémico exclusivo de esta isla, descrito por la ciencia apenas en 1998. Crece agarrado a riscos inaccesibles del suroeste, donde sobreviven 61 ejemplares silvestres según el censo de 2023. En peligro, es uno de los linajes vegetales más raros del archipiélago: un drago propio que durante siglos pasó confundido con su célebre primo tinerfeño.

En breve

Nombre científico
Dracaena tamaranae
Familia
Asparagáceas
Distribución
Exclusivo del suroeste de Gran Canaria
Hábitat
Riscos inaccesibles, sobre todo 400-900 m
Conservación
En Peligro Crítico (UICN) · 61 ejemplares (2023)
Porte
Árbol de más de 8 m, tronco plateado

Qué lo hace único

Durante décadas se le tomó por el drago común, el mismo de Icod de los Vinos. Hasta que en 1998 tres botánicos canarios -Marrero Rodríguez, Almeida Pérez y González Martín- demostraron que aquellos árboles del sur grancanario eran otra cosa: una especie distinta, de hojas más rígidas y acanaladas, aguzadas hacia la punta y de un tono azulado y ceniciento que delata su identidad. Bautizaron el hallazgo como Dracaena tamaranae, en honor a Tamarán, el nombre aborigen de la isla.

Su biografía es la de un superviviente. Habita los rincones geológicamente más antiguos de Gran Canaria, en paredones de barranco tan verticales que los rebaños nunca llegaron a arrasarlos del todo. Allí, sobre todo entre los 400 y los 900 metros, levanta un porte arbóreo de más de ocho metros, con el tronco plateado y rosetas densas de hojas estrechas. Cada inflorescencia, de hasta un metro, sostiene la promesa de una semilla difícil: la regeneración natural resulta penosa y las cabras y conejos ramonean los brotes jóvenes.

Es, en el fondo, una reliquia. Pertenece a un linaje de dragos que un día se extendió por la cuenca mediterránea y la Macaronesia, y que hoy persiste repartido entre las islas y el este de África. Perder este drago no sería perder un árbol más: sería borrar una rama entera del árbol de la vida, sin equivalente en ningún otro lugar del planeta. De ahí que su conservación se haya convertido en una de las grandes causas botánicas del archipiélago.

Dónde verlo

Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo (Las Palmas de Gran Canaria): la forma responsable de conocerlo. El jardín del Cabildo cultiva flora grancanaria y trabaja en la conservación de la especie, con entrada gratuita y sin pisar su hábitat silvestre.
Miradores del eje Fataga-Tejeda-La Aldea: desde las carreteras del suroeste se contempla el tipo de paisaje de barrancos antiguos donde resiste la especie, sin necesidad de acercarse a los riscos donde vive.
Las poblaciones silvestres están en paredones verticales y protegidos: no deben buscarse ni visitarse. Cualquier acercamiento daña una especie con apenas medio centenar de individuos.

Curiosidades

Su epíteto, tamaranae, viene de Tamarán, como llamaban los antiguos canarios a Gran Canaria: un homenaje botánico a la isla que lo cobija.
Es tan reciente para la ciencia que no se describió hasta 1998; durante siglos sus árboles se confundieron con el drago común de Tenerife.
Sobrevive precisamente por lo inaccesible de su refugio: en riscos verticales donde el ganado nunca llegó, mientras el drago común silvestre prácticamente desapareció de la isla.

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Fuentes: Wikipedia · Imagen: Misolonax / CC BY-SA 4.0. Revisión editorial de Canarias.app.