Phylloscopus canariensis
La banda sonora de los montes canarios: el "chif-chaf" que acompaña cualquier paseo por la laurisilva y el pinar.

Apenas mide diez u once centimetros, pero su presencia es enorme. El dorso verde olivaceo oscuro se funde con el follaje, el vientre es de un ante palido y una ceja clara recorre el ojo desde el pico hasta la nuca. Es tan parecido a su pariente continental, el mosquitero comun, que durante decadas se le considero una simple subespecie; fueron los estudios geneticos y bioacusticos los que confirmaron que se trata de una especie propia, nacida y evolucionada en estas islas.
Su papel ecologico es discreto pero constante. Como insectivoro voraz peina sin descanso ramas y hojarasca de pinares, fayal-brezal y laurisilva, y solo ocasionalmente completa la dieta con algun fruto o con polen. Esa adaptabilidad lo hace ubicuo: prospera igual en un bosque humedo bien conservado que en un huerto, un jardin urbano o un matorral de cumbre, y solo rehuye las zonas mas aridas y peladas.
Si hay un sonido que define el monte canario, es el suyo. El canto, una alternancia irregular de dos silabas algo mas rapida y explosiva que la del mosquitero comun, suena casi todo el año y se ha convertido en la banda sonora de cualquier sendero. Su historia tambien guarda una perdida: las poblaciones de Lanzarote y Fuerteventura, de la subespecie exsul, se extinguieron, y las ultimas desaparecieron en Haria hacia finales de los años ochenta.
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