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Flora Endemismo macaronésico, compartido por Canarias y Madeira (incluido Porto Santo) El Hierro, La Gomera, La Palma, Tenerife y Gran Canaria

Sabina canaria

Juniperus turbinata subsp. canariensis

El árbol que el alisio retuerce hasta convertirlo en escultura, y emblema vivo de El Hierro.

Sabina canaria
Foto: Xemenendura · CC BY-SA 3.0
La sabina canaria es una conífera del bosque termófilo, endémica de Canarias y Madeira, presente en las cinco islas occidentales y centrales. Crece entre el mar y los 1.100 m, resiste sequía y viento, y en El Sabinar de El Hierro el alisio la dobla en formas retorcidas inconfundibles. Sus mejores masas sobreviven en La Gomera y El Hierro.

En breve

Nombre científico
Juniperus turbinata subsp. canariensis
Familia
Cupresáceas (cipreses), conífera
Distribución
El Hierro, La Gomera, La Palma, Tenerife y Gran Canaria
Hábitat
Bosque termófilo, del mar a unos 1.100 m
Conservación
Protegida; no amenazada (Canarias)
Porte
Árbol o arbusto de hasta unos 8 m

Qué lo hace único

Es una de las protagonistas del piso termófilo canario, esa franja de bosque seco que se intercala entre el cardonal-tabaibal de costa y la laurisilva de altura. Conífera de la familia de los cipreses, forma matas y árboles muy ramificados, de tronco grueso y corteza pardo-rojiza, con hojas diminutas en forma de escama y gálbulos carnosos que viran a rojo oscuro al madurar. Sobria, resistente y poco exigente con el suelo, prospera donde otras especies no aguantan: laderas soleadas, malpaíses y cantiles barridos por el viento.

Su imagen más célebre nace en El Sabinar, en La Dehesa de El Hierro. Allí los alisios que ascienden encajonados desde el Valle de El Golfo golpean los árboles con tal constancia que estos crecen inclinados a sotavento, doblados y trenzados como esculturas vegetales. La llamada Sabina de El Hierro, de apenas cuatro metros de alzada, se ancla más por la copa que por la base y se ha convertido en símbolo de resistencia, hasta el punto de figurar en el imaginario popular de la isla.

Más allá de su estampa, cumple un papel ecológico de primer orden: fija el suelo en terrenos áridos, da refugio a la fauna y depende para reproducirse de aves —cuervos, mirlos y otras— que dispersan sus semillas tras digerir el fruto. El sabinar es, además, memoria de un paisaje casi desaparecido: las grandes masas que cubrían las medianías se talaron tras la conquista por la calidad imputrescible y el bello tono rojizo de su madera, muy codiciada.

Dónde verlo

El Sabinar, en La Dehesa (El Hierro): las sabinas retorcidas más famosas del archipiélago, accesibles a pie desde el aparcamiento hacia el mirador.
Sabinar de Vallehermoso, en La Gomera: una de las masas más extensas y mejor conservadas que quedan en las islas.
Malpaíses y medianías de La Palma y laderas de Anaga y el valle de Güímar (Tenerife), donde la sabina aún tapiza el piso termófilo.
Para verla sin dañarla, basta recorrer los senderos y miradores señalizados: es especie protegida, así que no se tocan ramas ni se recogen frutos ni esquejes.

Curiosidades

El ejemplar conocido como la Sabina de El Hierro crece tan inclinado por el viento que parece sujetarse más por la copa que por las raíces, y se ha convertido en una de las imágenes más reproducidas de la isla.
No se retuerce por enfermedad ni por edad, sino por el alisio: el viento constante la moldea a sotavento como una bandera, dándole esas formas escultóricas que la han hecho célebre.
Su madera, imputrescible y de bello tono rojizo, fue tan codiciada tras la conquista que los grandes sabinares de las medianías se talaron casi por completo; los actuales se recuperan de forma natural.

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Fuentes: Wikipedia · Imagen: Xemenendura / CC BY-SA 3.0. Revisión editorial de Canarias.app.