Juniperus turbinata subsp. canariensis
El árbol que el alisio retuerce hasta convertirlo en escultura, y emblema vivo de El Hierro.

Es una de las protagonistas del piso termófilo canario, esa franja de bosque seco que se intercala entre el cardonal-tabaibal de costa y la laurisilva de altura. Conífera de la familia de los cipreses, forma matas y árboles muy ramificados, de tronco grueso y corteza pardo-rojiza, con hojas diminutas en forma de escama y gálbulos carnosos que viran a rojo oscuro al madurar. Sobria, resistente y poco exigente con el suelo, prospera donde otras especies no aguantan: laderas soleadas, malpaíses y cantiles barridos por el viento.
Su imagen más célebre nace en El Sabinar, en La Dehesa de El Hierro. Allí los alisios que ascienden encajonados desde el Valle de El Golfo golpean los árboles con tal constancia que estos crecen inclinados a sotavento, doblados y trenzados como esculturas vegetales. La llamada Sabina de El Hierro, de apenas cuatro metros de alzada, se ancla más por la copa que por la base y se ha convertido en símbolo de resistencia, hasta el punto de figurar en el imaginario popular de la isla.
Más allá de su estampa, cumple un papel ecológico de primer orden: fija el suelo en terrenos áridos, da refugio a la fauna y depende para reproducirse de aves —cuervos, mirlos y otras— que dispersan sus semillas tras digerir el fruto. El sabinar es, además, memoria de un paisaje casi desaparecido: las grandes masas que cubrían las medianías se talaron tras la conquista por la calidad imputrescible y el bello tono rojizo de su madera, muy codiciada.
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