Echium callithyrsum
La torre de flores índigo que solo prende en la cumbre húmeda de Gran Canaria, y en ningún otro lugar del mundo.

No hay dos tajinastes iguales en Canarias, y este es el azul de Gran Canaria. Mientras el rojo del Teide se ha convertido en icono insular, Echium callithyrsum es un secreto más íntimo: un arbusto leñoso y muy ramificado que puede alcanzar los tres metros y medio, rematado por inflorescencias cónicas o cilíndricas donde se apiñan cientos de pequeñas flores. El color dominante es un azul índigo profundo, pero no es raro encontrar ejemplares que viran al blanco o al fucsia, e incluso matas que combinan varias tonalidades en la misma ladera.
Su belleza tiene fecha y lugar. Florece entre enero y abril, y es en ese tramo cuando los barrancos de la cumbre de Valsequillo se cubren de un manto azul que parece pintado. La planta prospera donde el ser humano se retiró: coloniza conos volcánicos y antiguos bancales de cultivo abandonados, en suelos pobres en nutrientes pero de buen drenaje, devolviendo vida a un paisaje agrícola en desuso. Esa floración masiva no es solo un espectáculo: es un banquete para los insectos polinizadores de la cumbre, ligados a la planta por una polinización especializada.
Es, además, una pieza única e irremplazable del patrimonio natural grancanario. Al ser un endemismo estricto de la isla, todo lo que le ocurra aquí le ocurre en el mundo entero: no existe población alguna fuera de Gran Canaria. Por eso su catalogación como especie vulnerable importa tanto, y por eso la cumbre de Tenteniguada se convierte en un destino botánico de primer orden cuando llega la primavera.
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