Persea indica
El árbol de hojas que se encienden de rojo en plena laurisilva, y símbolo vegetal de La Gomera.

Reconocerlo es fácil aunque uno mire al suelo antes que a la copa: bajo un viñátigo el lecho del bosque se cubre de grandes hojas lanceoladas que, al envejecer, viran a un rojo anaranjado encendido. El árbol las renueva sin un calendario rígido, de modo que casi siempre luce algunas brasas de color entre el verde oscuro y brillante del resto del follaje. Es uno de los gestos más bellos de la laurisilva canaria, un instante de fuego en un bosque hecho de verdes y nieblas.
Es, además, uno de los colosos del monteverde. Alcanza los 30 metros y figura, junto al til, entre los árboles de mayor porte de la laurisilva. Prefiere los fondos de valle y las vaguadas más umbrías, donde el suelo es profundo y la humedad de los alisios nunca falta; allí levanta un tronco recto y una copa amplia que ayuda a sostener la atmósfera fresca y goteante característica de estos bosques.
Su papel va mucho más allá de la estampa. Los frutos negros y carnosos del viñátigo son alimento predilecto de las dos palomas endémicas de la laurisilva canaria, la turqué (Columba bollii) y la rabiche (Columba junoniae), que a cambio dispersan sus semillas. Esa madera densa y oscura, bautizada como caoba de Canarias, se codició para barcos y ebanistería; hoy el árbol está protegido y La Gomera lo ha adoptado como su símbolo vegetal.
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