La diosa madre de los guanches que terminó vestida de Virgen: el sincretismo más profundo de Canarias.
Chaxiraxi es la diosa madre de la mitología guanche de Tenerife, cuyo nombre, en el bereber insular, se ha interpretado como «la que sostiene el firmamento». Figura femenina suprema del orden cósmico, fue identificada por los guanches con la talla cristiana de la Virgen de Candelaria aparecida en Güímar, dando lugar a uno de los sincretismos religiosos más singulares del archipiélago.

Chaxiraxi era, según la tradición recogida por los cronistas coloniales, la gran diosa madre del panteón guanche de Tenerife. Su nombre se ha interpretado a partir de una forma del bereber insular (tamazight) como «la que carga o sostiene el firmamento», y la documentación histórica la registra también bajo la fórmula Achmayex Guayaxerax, glosada como «he aquí la madre de él, el espíritu que sustenta el universo». Frente a la divinidad celeste y masculina —Achamán, «el Centelleante», principio creador del cielo—, Chaxiraxi encarnaba el principio femenino y conservador del cosmos. Conviene la prudencia: los propios investigadores discrepan sobre su naturaleza, pues unas lecturas la vinculan al Sol y otras a la Luna y la fertilidad. Y el panteón tinerfeño era propio de esta isla y no debe mezclarse con los de otras (Acorán en Gran Canaria, Abora en La Palma, Eraoranzan y Moneiba en El Hierro): en Tenerife convivían Achamán, el sol Magec y, como genio del mal en las entrañas del Teide, Guayota.
La parte más célebre de su historia es la del sincretismo. Entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, antes de la conquista castellana, los guanches hallaron en las playas del menceyato de Güímar una talla cristiana de la Virgen con el Niño. Sin saber leer la imagen en clave católica, la veneraron como su propia diosa y la llamaron Chaxiraxi; al Niño que portaba en brazos le dieron el nombre de Chijoraji. Fray Alonso de Espinosa, que dejó por escrito esta tradición a finales del siglo XVI, recogió que para los aborígenes aquella mujer aparecida en el reino de Güímar era «la madre del sustentador del cielo y la tierra». Siglos después, el historiador Juan Bethencourt Alfonso sostuvo que «la estatua de la Virgen de Candelaria perteneció primero a los guanches, figurando en sus altares como la diosa Chaxiraxi». La imagen se custodió en la cueva de Achbinico, que se convirtió en lugar de peregrinación, y algunas fuentes vinculan su culto con las harimaguadas o maguadas, las sacerdotisas aborígenes.
El legado de Chaxiraxi sigue vivo hoy bajo otra advocación. La talla que los guanches veneraron como diosa madre es la Virgen de Candelaria, patrona de Canarias, y la cueva de Achbinico —primer templo cristiano del valle de Güímar tras la conquista— sigue en pie junto a la actual basílica. La gran festividad guanche del Beñesmer, el año nuevo agrícola celebrado tras la cosecha bajo la luna de agosto, se cristianizó: la fiesta principal de la Virgen se celebra el 2 de febrero (la Candelaria), pero la otra gran cita, el 15 de agosto, se hace coincidir con la Asunción y, según diversas fuentes, con aquel antiguo Beñesmer. El nombre Chaxiraxi pervive en la onomástica canaria, en la corriente neopagana de la Iglesia del Pueblo Guanche —que la reivindica como Madre Tierra— y como símbolo de la memoria aborigen de Tenerife. El topónimo Candelaria y su romería multitudinaria son la huella viva de aquella diosa que cambió de nombre pero no de pueblo.
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