El amor imposible entre el agua y el fuego que dio nombre a la cumbre de La Gomera.
Gara y Jonay son los amantes de la leyenda más célebre de La Gomera: una princesa gomera ligada al agua y un joven tinerfeño ligado al fuego del Teide, separados por sus familias y por un presagio funesto, que prefirieron morir juntos en lo alto del bosque antes que vivir separados. Su historia explica de forma poética el nombre del Alto y el Parque Nacional de Garajonay. Aunque se cuenta como mito aborigen, los estudiosos la consideran una creación literaria moderna inspirada en la toponimia.

Gara y Jonay encarnan, en la tradición popular gomera, el amor que une lo que la naturaleza separa: el agua y el fuego. Gara aparece como princesa de La Gomera —la tradición suele situarla en Agulo—, vinculada a los manantiales y a la vida; Jonay, como joven príncipe de Tenerife, hijo del mencey de Adeje, ligado al Teide y a su fuego. El relato sitúa a la pareja en el bosque de laurisilva que corona la isla, un escenario de niebla, fuentes y monteverde que el mito eleva a templo del amor imposible. Conviene decirlo de entrada: no estamos ante un dios ni una diosa del panteón aborigen, sino ante una leyenda romántica que la cultura popular adoptó como propia.
Según la tradición recogida por los divulgadores, los dos jóvenes se conocieron al filo de las fiestas del Beñesmén, la celebración aborigen del fin de la cosecha, y se enamoraron. El relato incorpora un rito local: mirarse en el agua de los Chorros de Epina —siete manantiales— para leer el porvenir; si la imagen aparecía turbia o ensombrecida, anunciaba desgracia. A Gara el agua le devolvió un mal presagio y, al anunciarse el compromiso, el Teide entró en erupción: el agua y el fuego no podían convivir. Las familias se opusieron y Jonay, en la versión más difundida, cruzó el mar de vuelta a La Gomera ayudándose de odres de piel de cabra inflados. Perseguidos hasta la cumbre, los amantes decidieron morir juntos: el relato más extendido cuenta que se atravesaron el pecho, el uno contra el otro, con una recia vara de cedro afilada por ambos extremos. Hay variantes —en algunas se precipitan al vacío tras un último abrazo, y la versión enciclopédica más sobria habla de dardos de madera—, y ahí conviene la prudencia, porque las fuentes no coinciden.
El legado de Gara y Jonay es hoy más geográfico y cultural que mitológico. Su nombre bautiza el Alto de Garajonay (1.487 m), techo de La Gomera, y el Parque Nacional de Garajonay, declarado en 1981 y reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad el 25 de noviembre de 1986 —el primer espacio natural español en lograrlo— por su excepcional bosque de laurisilva. Aquí es donde la divulgación honesta debe matizar: los estudiosos sostienen que el topónimo es anterior a la leyenda, no al revés. Para la filología (Álvarez Delgado), Garajonay es voz aborigen de raíz bereber que significa 'roque alto' o 'risco alto' (gara, 'roque, peñasco, cerro', más un segundo elemento de sentido 'alto'), y los nombres Gara y Jonay serían antropónimos retroformados a partir de ese topónimo. La versión escrita más antigua que se conoce es de 1924, del cronista Francisco Pedro Montes de Oca, bajo el seudónimo Barón de Imobach, en la Gaceta de Tenerife; además, los aborígenes del siglo XV apenas practicaban la navegación entre islas, lo que vuelve inverosímil el viaje de Jonay. Todo apunta a un relato romántico de raíz decimonónica, de los que entonces idealizaban los amores de los pueblos primitivos. Eso no le resta valor: hoy es patrimonio inmaterial vivo de La Gomera, presente en rutas, esculturas, fiestas y en el imaginario de toda Canarias.
Instala Canarias.app
Tiempo, gasolineras, farmacias de guardia y planes de Canarias a un toque.
En Safari: Compartir → Añadir a pantalla de inicio.
Te avisamos de los planes de tu isla.
¡Listo! Te avisaremos de los planes de tu isla. 💛