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Criatura mítica Gran Canaria

Tibicena

El gran perro lanudo y negro en que se aparecía el mal a los antiguos canarios, dueño de la noche, las cuevas y los barrancos.

La tibicena es, en la mitología de los antiguos canarios, el genio maligno que se manifestaba en forma de gran perro de pelaje largo y negro. El término —en plural tibicenas— lo recogen los cronistas de la conquista (Gómez Escudero, Abreu Galindo, Torriani) específicamente entre los aborígenes de Gran Canaria, donde "tibicena" venía a significar 'perro'. Cada isla tuvo su propio panteón y su propio nombre para estos genios oscuros; la asociación moderna con Guayota, el demonio del Teide, pertenece sobre todo a la divulgación contemporánea, no a las fuentes coloniales.

Tibicena
Ilustración de Canarias.app

En breve

Tipo
Genio maligno en forma de gran perro negro y lanudo
Pueblo/isla
Antiguos canarios de Gran Canaria (término documentado)
Qué representa
El mal y las tinieblas que acechan de noche
Equivalencia
En Tenerife, jucancha/guacancha; el ciclo de Guayota es tinerfeño
Fuente cultural
Gómez Escudero (c. 1484), Abreu Galindo y Torriani (c. 1590)
Lugar ligado
Barranco de la Palma, Agaete (topónimos Chibicena/Chobicena)

La leyenda

La tibicena es, en la mitología de los antiguos canarios, un espíritu maligno que tomaba la forma de un enorme perro de pelo largo y oscuro. No era un animal cualquiera, sino la figura visible de lo demoníaco: el mal hecho cuerpo, que rondaba al ganado y a las personas y que pertenecía a la noche, a las cuevas profundas y a los barrancos sin luz. Los testimonios más antiguos y fiables la sitúan en Gran Canaria. Hacia 1484, el conquistador Pedro Gómez Escudero anotó que "muchas y frecuentes veces se les aparecía el demonio en forma de perro muy grande y lanudo"; el franciscano fray Juan de Abreu Galindo, en su 'Historia de la conquista de las siete islas de Canaria', escribió que aquel demonio "se les aparecía muchas veces, de noche y de día, como grandes perros lanudos, y en otras figuras", y que a esas apariciones los canarios las llamaban tibicenas; y el ingeniero Leonardo Torriani, hacia 1590, dejó dicho que en la lengua de la isla 'tebicena' venía a significar sencillamente 'perro'. Conviene aquí la prudencia: cada isla aborigen tenía su propio panteón y su propio nombre para estos genios, y el término concreto 'tibicena' es el que las fuentes documentan en Gran Canaria.

La leyenda más difundida hoy enlaza a estas criaturas con Guayota, el genio del mal que en la mitología de Tenerife habitaba el Echeyde, el infierno del volcán. Cuenta ese relato que Guayota raptó a Magec, el numen del sol y de la luz, y lo encerró en las entrañas del Teide, sumiendo el mundo en una oscuridad sin fin; los aborígenes imploraron a Achamán, el dios supremo del cielo, que venció a Guayota, liberó a Magec y devolvió la luz, sellando al demonio dentro de la montaña. En esa larga noche, dice la tradición, nacieron las criaturas de las tinieblas, perros negros de ojos encendidos que aullaban en los barrancos. Pero hay que distinguir los planos: el perro demoníaco lo documentan los cronistas sobre todo en Gran Canaria, mientras que el ciclo de Guayota, Magec y Achamán es de Tenerife —donde a su propio genio-perro se le llamaba jucancha o guacancha—. La trabazón entre ambos —las tibicenas como hijas o servidoras de Guayota— es sobre todo obra de la divulgación moderna, no un dato literal de las fuentes coloniales, y como tal conviene tomarla.

El mito no se ha apagado. En Agaete (Gran Canaria) sobreviven, deformados por los siglos, los topónimos Chibicenas y Chobicenas —parajes del barranco de la Palma, con su Roque de las Chobicenas—, donde la T inicial mudó en Ch como en tantos guanchismos (Teide/Echeyde, tenique/chenique); allí la palabra acabó usándose para nombrar a las brujas, y la memoria popular señala cuevas como guarida de tibicenas. La filología les ha dado nueva vida, aunque sin acuerdo: el investigador Ignacio Reyes liga el nombre a una raíz amazigh del campo de lo 'negro', coherente con su pelaje, mientras otras lecturas lo traducen como 'malvado, peligroso'. Y la arqueología aporta un eco inquietante: en el Cementerio de los Canarios, en el barranco de Guayadeque, el estudio de un osario con miles de restos halló abundantes marcas de dentelladas de perros sobre los huesos, sin que se sepa aún qué relación simbólica unió a los antiguos canarios con sus canes. Hoy la tibicena es emblema del lado oscuro y misterioso del imaginario isleño, presente en rutas, relatos, ilustración y cultura popular.

Lugares del mito

Barranco de la Palma (Agaete, Gran Canaria), donde sobreviven los topónimos Chibicenas y Chobicenas y el Roque de las Chobicenas
Barranco de Guayadeque (Ingenio/Agüimes, Gran Canaria), con el Cementerio de los Canarios y su yacimiento aborigen
El Museo Canario (Las Palmas de Gran Canaria), para conocer la cultura y las creencias de los antiguos canarios
Parque Nacional del Teide (Tenerife), escenario del ciclo de Guayota y el Echeyde al que la tradición moderna liga a estas criaturas

Curiosidades

Las fuentes la documentan en Gran Canaria, pero cada isla tuvo su propio genio-perro: jucancha o guacancha en Tenerife, Iruene en La Palma, Hirguan en La Gomera.
Torriani anotó hacia 1590 que 'tebicena' significaba sencillamente 'perro' en la lengua de Gran Canaria; el más antiguo en describirla fue el conquistador Gómez Escudero, hacia 1484.
En Agaete la palabra pervive en los topónimos Chibicenas y Chobicenas del barranco de la Palma, donde la T mudó en Ch, y acabó empleándose para nombrar a las brujas.
En el Cementerio de los Canarios, en Guayadeque, un osario con miles de huesos aborígenes mostró numerosas marcas de dentelladas de perros, un eco real que algunos relacionan con el imaginario del perro mítico.

Otras figuras de la mitología canaria

Fuentes: . Mitología aborigen; revisión editorial de Canarias.app.